19/6/2019
Política

El arte de la corrupción

Políticos y empresarios investigados por la justicia se refugian en la compra de obras artísticas para sustraerse a los controles y blanquear sus mordidas

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El arte de la corrupción
El exasesor de urbanismo del Ayuntamiento de Marbella, condenado a 17 años por la operación Malaya, tenía un Miró en el baño
Colgadas en las paredes del Museo del Prado hay cuatro obras pictóricas que en un tiempo pertenecieron al extesorero del Partido Popular (PP), Luis Bárcenas. O al menos eso dijo él ante el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz para intentar justificar una pequeña parte del patrimonio de más de 40 millones de euros que el caso Gürtel descubrió que guardaba en dos bancos suizos.

Uno de los presuntos cabecillas de la trama Púnica, el constructor David Marjaliza, llegó a construirse un zulo en su chalet de Valdemoro para ocultar los cuadros y las plumas estilográficas en los que invertía los ingresos que, supuestamente, obtenía de los negocios de corrupción urbanística que hace unos meses empezó a confesar.

El mercado del arte y los objetos de lujo se ha convertido en un refugio para la corrupción gracias a su difícil control por parte del  fisco y su liquidez a la hora de ocultar los beneficios de negocios ilícitos y aflorarlos de nuevo en ulteriores operaciones de blanqueo. En la reciente historia judicial española se suceden los casos de corruptos condenados o en trámite de serlo que tenían tanto arte para ganar dinero de forma ilegal como el que guardaban en sus propiedades lejos de la mirada de las autoridades.

“Se blanquea con obras de arte cuando se tiene tanto dinero que no cabe en las cajas fuertes”, dice Mollinedo

Bárcenas, que en octubre comenzará a ser juzgado por la Audiencia Nacional como uno de los cabecillas de la trama Gürtel, sostuvo en sede judicial que parte de su fortuna procedía de la venta de tres bodegones de finales del siglo XVIII y uno del XIX que, tras el pago de una deuda tributaria, se integraron en la colección de la la pinacoteca nacional. El besugo de Bartolomé Montalvo, dos “floreros” de Santiago Alabert y el Plato de dulce de Miguel Parra llegaron en 2006 al Prado junto a otras 36 piezas que habían pertenecido al también extesorero popular Rosendo Naseiro, íntimo amigo de Bárcenas.

El antiguo responsable de las finanzas del PP también trató de justificar con la venta de cuatro cuadros unos ingresos en efectivo de 560.000 euros que su esposa, Rosalía Iglesias, no había declarado a Hacienda en la primera década del siglo. Bárcenas incluso fabricó un supuesto contrato por la transacción de estas obras con una pintora argentina llamada Isabel Mackinlay, a quien hizo pasar por marchante. Sin embargo, en la tarde del 8 de marzo de 2013 ella tiró por tierra esta versión cuando declaró por videconferencia desde Buenos Aires ante el juez Ruz.

La mujer, que había cambiado de apellido tras contraer matrimonio, lo que dificultó su localización, concretó que, aunque era pintora, no se dedicaba a la compra de cuadros y que había recibido 1.500 dólares por estampar su firma en un contrato simulado por valor de los ingresos sospechosos. Preguntado por esta cuestión en una de sus declaraciones judiciales, Bárcenas trató de desacreditar la fiabilidad de la testigo. “Creo que esta señora sufre un estado de enajenación, espero que sea transitorio”, zanjó con desdén.

En la galería de políticos investigados con un sospechoso gusto por el arte también se encuentra el exvicepresidente del Gobierno Rodrigo Rato, que guardaba en el despacho profesional que tenía en la calle Castelló de Madrid 17 cuadros que “podrían formar parte de su patrimonio oculto”, según se recogió en el acta de entrada y registro de la oficina. En sus paredes se encontraron paisajes impresionistas y surrealistas, bodegones, retratos, acuarelas, collages y un motivo religioso con chapa del pintor barroco italiano del siglo XVII Lucas Jordán.

No declaran a Hacienda

El secretario general del Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (GESTHA), José María Mollinedo, explica a AHORA que el blanqueo de capitales en objetos artísticos se produce “cuando se tiene tanto dinero que ya no cabe en las cajas fuertes o se tienen tantas joyas que comienza a haber riesgos de seguridad”. A su juicio, la gran ventaja que presenta la inversión en arte para los corruptos, que se materializa frecuentemente utilizando empresas o terceras personas, es que se trata de bienes que no se suelen declarar a Hacienda.

Según la estadística de la Agencia Tributaria correspondiente a 2013, último ejercicio del que se tienen datos, en lo relativo al Impuesto sobre el Patrimonio se declararon ante el fisco objetos de arte y antigüedades por valor de más de 407 millones de euros, lo que representa un 42,1% de los bienes suntuarios tributados durante el año, que superaron en su conjunto los 965 millones de euros.

Tienen la consideración de objetos de arte las pinturas, esculturas, dibujos, grabados, litografías y otros análogos, siempre que se trate de obras originales. Se consideran antigüedades los bienes muebles, útiles u ornamentales, excluidos los objetos de arte, que tengan más de 100 años y cuyas características originales fundamentales no hayan sido alteradas por modificaciones o reparaciones efectuadas durante el último siglo.

La cifra de bienes declarada por estos objetos es sensiblemente inferior a la tributada por joyas, pieles, vehículos, embarcaciones y aeronaves, que alcanzó los 558,5 millones de euros (el 57,8 % del total).

En todo caso, la proporción de bienes suntuarios declarados en el Impuesto sobre el Patrimonio es mínima en relación con el resto de conceptos recogidos por la Agencia Tributaria, hasta el punto de que únicamente representa un 0,18% del total. Así, el 74,9% de los bienes reconocidos ante Hacienda se corresponden con el denominado capital mobiliario: depósitos en cuenta, deuda pública, bonos y obligaciones, acciones y participaciones en inversión colectiva y acciones y participaciones en entidades jurídicas. El valor de estos bienes reconocido en 2013 superó los 402.605 millones de euros. 

A continuación se situaron los bienes inmuebles rústicos o urbanos, con más de 99.491 millones de euros (el 18,5% del total); otros bienes y derechos de contenido económico como las concesiones administrativas o los derivados de la propiedad intelectual e industrial, con 14.133 millones (el 2,63 %), los bienes afectos a actividades económicas, con 10.394 millones (el 1,9%) y los seguros y rentas, que representaron 9.514 millones de euros (un 1,7%).

Mollinedo explica que los contribuyentes declaran por sus acciones, inmuebles o cuentas bancarias porque son los bienes sobre los que existe información y, por tanto, sobre los que es más difícil ocultar la titularidad ante la Administración tributaria. “Las obras de arte o las antigüedades apenas se declaran”, apunta antes de señalar que, no obstante, la actual legislación es suficiente para perseguir el fraude. “Agujero legal no hay pero es muy difícil controlar las obras de arte. ¿Cuál es su valor? Cuando se pasan de mano en mano no hay regulación que permita conocer quién es el poseedor porque a través de la declaración del Impuesto sobre el Patrimonio se conoce una parte mínima”, explica.

Consuelo Durán, directora de Durán Arte y Subastas, asegura que el blanqueo de capitales a través de la adquisición de obras de arte no es “una práctica habitual”. “Las casas de subastas actuamos con total transparencia, la legislación es muy exigente... Otra cosa es cuando las obras se adquieren en un mercado negro o no transparente”, señala. En este contexto, recuerda que casas de subastas y marchantes son “sujetos obligados” ante el Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención de Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias (Sepblac) del Ministerio de Hacienda, por lo que deben comunicar a este organismo cualquier operación que rebase los límites legales establecidos.

Los marchantes de la Malaya

Esa obligación de informar a las autoridades tributarias es la que no respetaron los marchantes Héctor Pedronzo y Pedro Peña Barragán y el vendedor de relojes Sabino Falconieri, que fueron condenados en octubre de 2013 a penas de tres años de cárcel y multas de hasta 30 millones de euros en el marco del macrosumario Malaya sobre la corrupción urbanística en Marbella (Málaga). El tribunal, además, absolvió por fallecimiento al también comerciante de arte Jean Leopold Fournets, que se enfrentaba a una pena de 4 años de cárcel y una indemnización de 20 millones de euros.

Todos estos “comerciantes cualificados de obras de arte en mercados internacionales”, como eran definidos en la sentencia, fueron condenados por vender piezas al cerebro de la trama, el exasesor de Urbanismo del Ayuntamiento de Marbella Juan Antonio Roca, e incumplir una legislación que “forzosamente” les era “especial y propia”, dada su pertenencia al “círculo cualificado de personas especializadas en este tipo de ventas”.

Bárcenas dijo al juez que parte de su fortuna procede de la venta de cuatro obras que están ahora en el Prado

En el caso de Peña Barragán, los magistrados de la Audiencia de Málaga consideraron probado que el marchante actuó “a sabiendas” de los problemas que Roca tenía con la justicia, a pesar de lo cual “vendía sin facturas, sin recibos, cobraba en efectivo, eludiendo talones o transferencias bancarias, y no declaraba a Hacienda la totalidad de las operaciones”. A pesar de que “cuando menos debía de conocer” que el dinero que le entregaba Roca procedía de las actividades urbanísticas “ilícitas” que le habían llevado a prisión, el marchante condenado “decidió mirar para otro lado con tal de no perder su pingüe negocio” y, realizando “una interpretación benigna de los hechos”, actuó de manera “absolutamente imprudente y con imprudencia temeraria”. 

A Roca se le incautaron 415 objetos artísticos valorados en casi cuatro millones de euros, entre los que se encontraba un cuadro de Joan Miró tasado en 350.000 euros que adornaba las paredes de uno de los cuartos de baño de su mansión en San Pedro de Alcántara (Malaga). Su patrimonio, valorado en más de 101 millones de euros, también incluía pinturas de Salvador Dalí, Federico García Lorca, Andy Warhol, Juan Gris, Antoni Tàpies o Antonio Saura, que se mezclaban en un interminable museo con su colección de joyas, animales disecados como osos, elefantes o jirafas o 43 carruajes históricos.

Un almacén en Ginebra

Según el sumario del caso Púnica, el constructor David Marjaliza, íntimo de Granados hasta la detención de ambos en octubre de 2014, se construyó un zulo en su vivienda de Valdemoro (Madrid) para esconder cuadros y objetos de valor que trasladó a un almacén de Ginebra antes de ser detenido. En concreto, el empresario ordenó el envío a la localidad suiza de 28 pinturas, cinco fotografías, cuatro esculturas y 185 plumas estilográficas por valor de más de cuatro millones de euros.

Las dos obras más valiosas de la colección de Marjaliza eran Tryptique au graffitis, pintado en 1984 por Antoni Tàpies, y Furor Penellis, de Miquel Barceló, con un precio aproximado de 275.000 euros. Además, la investigación ha podido determinar que el constructor guardaba la pintura Personaje obscuro, de Manolo Miralles, valorada en 240.000 euros, y obras de autores como Eduardo Chillida, Manolo Valdés o Equipo Crónica.

Además de los cuadros, Marjaliza tenía una colección de estilográficas tan bien surtida que la Fundación Montblanc, marca de referencia en el sector, le pidió varios ejemplares para incluirlos en una muestra que organizó en una sala de exposiciones del barrio de Salamanca de la capital.

Así lo declaró ante el juez Eloy Velasco el joyero del empresario, Juan José Sánchez Barceló, quien detalló que entre los años 2003 y 2007 las empresas de Marjaliza le compraron, siempre a través de su secretaria y pagando mediante transferencias bancarias, numerosas plumas de series limitadas y numeradas. La joya de la corona era una pieza de coleccionista denominada Van Cleef & Arpels, que estaba valorada en torno a los 700.000 euros. También le vendió relojes de marcas de lujo como Versace, Rolex o Cartier, una pulsera para su mujer y un anillo.

En todo caso, quien se lleva la palma a la hora de introducir en el mercado del arte las ganancias que obtenía de negocios que están siendo investigados era el presunto líder de la red criminal china Emperador, Gao Ping. Convertido en referencia del arte contemporáneo de su país, el empresario puso en marcha una galería de arte (Gao Magee) a la espalda del Museo Reina Sofía, impulsó la Fundación Arte y Cultura (IAC) y dirigió en Pekín el Centro de Arte Iberia-Beijing, el primer centro privado de arte español en China.

A Gao Ping, que unos meses antes de ser arrestado presentó en la feria ARCO la edición local de una revista sobre arte chino, se le intervinieron óleos y fotografías de artistas de su país como Li Qing, He Yunchang o Gao Shiqiang. En 2010 el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) hizo negocio con él y le compró 61 fotografías por 440.000 euros. Fue una de las últimas pinceladas que Gao Ping dio en libertad.