30/11/2020
Política

Iglesias y Garzón, hacia la confluencia

Podemos e IU se aproximan a un pacto cuestionado por sectores críticos de los dos partidos

AHORA / Jacobo Pedraza - 29/04/2016 - Número 31
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Iglesias y Garzón, hacia la confluencia
Pablo Iglesias y Alberto Garzón en el Congreso el pasado 18 de abril. Kiko Huesca / EFE
Constatada la liquidación de la etapa de negociaciones para formar gobierno, Pablo Iglesias busca dar un giro político a la próxima cita electoral. La confluencia con Izquierda Unida – Unidad Popular a nivel estatal había quedado descartada para el 20-D, pero la situación ha cambiado. Las tesis de Iglesias ahora indican que una alianza preelectoral podría superar en votos al PSOE (paradójicamente, quizás no en escaños por la Ley Electoral y porque Podemos tiene arraigo en circunscripciones medianas y grandes, pero no en las pequeñas). Reducir el número de partidos en el lado izquierdo del espectro político, evitar la división del voto, también beneficia a ese bloque “progresista” con el que quiere gobernar el líder de la formación morada, frente a un ala derecha que ya solo tenía dos contendientes de peso, PP y Ciudadanos, con menos votos pero más escaños que PSOE, Podemos e IU (de nuevo, maravillas de la Ley Electoral). Alberto Garzón, defensor de la confluencia desde un principio, observa esperanzado el cambio discursivo de Iglesias hacia su propuesta. Este martes subrayaba, tras reunirse con el “ciudadano Felipe de Borbón”, que un pacto “sería un revulsivo de cara a la campaña. Hablaríamos de algo nuevo. Modificaría la aritmética pero también el clima, y un clima con elementos novedosos puede cambiar mucho la situación”. Que movilizaría a un electorado sumido en el hartazgo, vamos.

Así es como lo ven los líderes de ambas formaciones y personas cercanas a ellos, pero no la totalidad de esos partidos. Íñigo Errejón y sus afines en Podemos, aunque se muestran bastante resignados a que el pacto se materialice, no han desaprovechado ninguna oportunidad para dejar clara su posición, la que todo el partido hacía suya hasta hace bien poco: los cinco millones de un partido y el millón de otro no suman seis millones de votos. “Las sopas de siglas no suman, restan. Lo que suma es construir una identidad nueva que sea capaz de atraer a gente muy diferente”, explicaba hace dos martes el portavoz de Podemos en el Congreso. La transversalidad. El concepto que permitió a Podemos superar el eje izquierda-derecha con el objetivo de formar una mayoría nueva en España que incluyese a quienes no se consideran identificados con la idea de izquierda. Un concepto que perdería fuerza en una alianza nacional con quien defiende la unión de toda la izquierda. Errejón apuesta por ampliar el marco de Podemos yendo a por los desfavorecidos por la crisis y los desencantados con el PSOE, no poner el discurso tanto en quién ha tenido la culpa de que no haya gobierno sino en quién puede solucionar los problemas de la gente. De la gente, de “los de abajo”, no de la gente de izquierdas.

La deuda de IU, que ascendía a 11 millones en 2013, impidió el pacto en las anteriores eleccciones

Del lado de Izquierda Unida es el sector de Izquierda Abierta quien presenta más batalla a la idea de Garzón, que habla de un pacto puntual, coyuntural. La corriente de Gaspar Llamazares (representada ahora por Tasio Oliver y Teresa Aranguren) cree que Garzón no está defendiendo los intereses de su partido ni la idea de unir a las fuerzas de la izquierda en torno a un proyecto común, piedra angular de IU desde su nacimiento y clave del éxito de Cayo Lara en las elecciones de 2011. Tampoco la vieja guardia de Lara ve con buenos ojos una confluencia que podría terminar por fagocitar a IU. El debate se dará en el seno del consejo político federal del próximo 7 de mayo, al que Garzón deberá llegar ya con un acuerdo con Podemos para que sea ratificado y posteriormente sometido al escrutinio de la militancia antes del 13 de mayo, fecha límite para registrar coaliciones electorales. Izquierda Abierta pide unas primarias abiertas, que Garzón descarta por falta de tiempo. Podemos también debería consultar un eventual acuerdo ante sus simpatizantes, como marcan los estatutos de la formación emergente.

Pablo Echenique y Adolfo Barrena ya han iniciado contactos y liderarán la mesa de negociación

Garzón recalca que la negociación con Podemos no será fácil, por los plazos y porque aún hay temas que separan a los dos partidos. Ambas fuerzas, según fuentes de Podemos, ya estuvieron muy cerca de alcanzar un acuerdo para las elecciones del pasado diciembre. Las mismas fuentes señalan dos escollos principales que evitaron entonces el entendimiento. Podemos se negó a que la deuda de IU y los partidos que forman esta coalición (con el PCE al frente) entrara en la negociación. La deuda de Izquierda Unida viene desde los tiempos de Julio Anguita, y se ha ido afrontando sin faltar a ningún plazo, pero en 2015 el Tribunal de Cuentas advertía de la grave situación financiera del partido: 11 millones de deuda en 2013, superior a su patrimonio. El pasado febrero IU planteaba un recorte del 60% de su plantilla en un ajuste sin precedentes. Izquierda Abierta criticó entonces la falta de esfuerzos de Alberto Garzón por formar un grupo parlamentario propio que hubiese ayudado a sortear, mediante las subvenciones que se otorgan a los grupos, la difícil situación. El acuerdo pasa por un modelo similar al de En Comú Podem, donde está presente ICV (también con un problema de deuda), que dejó al margen el tema financiero.

Otros obstáculos

El otro obstáculo que presentaron las negociaciones para ir juntos a los pasados comicios fueron las listas. Izquierda Unida quería más puestos de salida en provincias importantes para Podemos y no se pudo llegar a un punto aceptable para ambos. El millón de votos de Alberto Garzón le coloca en una situación más ventajosa. La pérdida de confianza en el anterior secretario de organización de Podemos, Sergio Pascual, puede propiciar un movimiento que beneficiaría al secretario general del PCE, José Luis Centella. Lo mismo sucede en Madrid, donde se especula con que Alberto Garzón sería el número tres de la lista, desplazando a Íñigo Errejón, cuya relación con Pablo Iglesias se ha debilitado en los últimos meses. El propio Garzón defendía el pasado martes su presencia en esas listas argumentando que “es tradición, y lógico, que los candidatos a la Presidencia de los diferentes partidos se presenten por Madrid”.

Pablo Echenique y Adolfo Barrena, secretarios de organización de Podemos e IU respectivamente, ya han iniciado contactos y liderarán la mesa de negociación. Garzón defiende un programa y una campaña propias para cada partido, con actos comunes y un programa de mínimos común, pero sin perder su identidad. Que los dos partidos no estén del todo vinculados tampoco disgusta en Podemos, muy crítico en ocasiones con IU, más allá de su afinidad con Garzón. Quieren una unión circunstancial para salir a ganar.