22/10/2019
Política

Podemos se queda fuera de juego

La formación morada se resigna ante la dificultad de un plan alternativo y pierde el protagonismo que tuvo en la anterior legislatura

AHORA / Jacobo Pedraza - 05/08/2016 - Número 45
  • A
  • a

El pasado lunes por la noche ocurrió un hecho insólito en los teléfonos de los periodistas encargados de cubrir la información de Podemos. Por primera vez en por lo menos medio año, los responsables de comunicación del partido no enviaban la agenda de intervenciones públicas de los portavoces destacados de la formación morada. No la enviaban porque no existía. Para el martes, el día en que Mariano Rajoy se reunía con Pedro Sánchez, no estaba previsto que ningún miembro de Podemos apareciese en espacio mediático alguno. Agosto ha llegado y eso tiene que notarse, sí, pero no deja de ser inusual en un partido tan aficionado a los micrófonos, y más en una semana que (como se ha dicho de muchas otras en los últimos meses) prometía ser crucial. Era un síntoma más de la situación del partido que lidera Pablo Iglesias en pleno proceso de negociación de investidura. Podemos ha bajado los brazos.

Poco se parece la actitud de Iglesias y los suyos a la que exhibieron en la anterior legislatura, la de su presentación en el Congreso. Basta recordar tres momentos: Carolina Bescansa con su hijo Diego en la sesión constitutiva de las Cortes, Pablo Iglesias y su alusión a la “cal viva” mirando a la bancada socialista y el beso del propio Iglesias con Xavi Domènech, de En Comú Podem. Podemos también trató de demostrar que llegaba al Congreso a trabajar: presentó seis proposiciones de ley en una legislatura exigua. La primera de ellas, con la que la formación se colgó la medalla de ser la más rápida en presentar una iniciativa, fue su ley de emergencia social, registrada el 13 de enero, el mismo día en que se constituían las Cortes y se elegía presidente a Patxi López. Pero la mayor diferencia está quizás en su papel en los intentos de llegar a un gobierno. Iglesias ya no se postula como vicepresidente con sus ministrables detrás de él (escena que se produjo antes de que el rey hubiese propuesto a nadie formar un ejecutivo). Descarta la posibilidad de un gobierno de cambio y ha cedido la iniciativa y el protagonismo a Rajoy y, si se da el caso, a Sánchez.

Podemos ha fracasado en el único golpe de efecto que ha intentado: que Xavi Domènech presidiera el Congreso

El único golpe de efecto que Podemos ha intentado dar en lo que va de XII Legislatura ha salido muy rana. La formación morada quiso urdir un truco de magia para hacer presidente del Congreso a Domènech, pero dio por hecho antes de tiempo que tenía en los nacionalistas catalanes al habitual compinche que se pone entre el público. Su fracaso vino de la mano del fracaso de Patxi López y ha permitido que el PP tenga a alguien tan cercano a Rajoy como Ana Pastor de presidenta de la Cámara y que populares y Ciudadanos conserven la mayoría en la Mesa. Semejante revolcón también ha contribuido a enfriar la relación de Podemos con Esquerra y el Partit Demòcrata Català (antigua Convergència), ya de por sí deteriorada por la batalla dialéctica que libran los comunes (así se conoce a los afines a En Comú Podem, la confluencia en la que se integra Podemos en Cataluña) con los independentistas en las últimas semanas. Más piedras para llegar a un acuerdo de investidura alternativo al que los partidos catalanes se han mostrado dispuestos pero que Iglesias ha renunciado a perseguir, también en la faceta mediadora entre independentistas y socialistas que antes quería asumir.

Los que sí quieren un plan B

La actitud pasiva de Iglesias no coincide con el discurso de Errejón ni con el de sus aliados

En cualquier caso, la postura de Podemos no es uniforme, algo que ya ha dejado de ser noticia, y tampoco coincide el discurso de Iglesias con el de sus alianzas. El número dos del partido, Íñigo Errejón, sí se muestra desde hace tiempo a favor de explorar un “plan B” si Rajoy no logra su investidura.  Incluso ha señalado que mantiene un contacto constante con su homólogo en el PSOE, Antonio Hernando, aunque solo confirma conversaciones sobre la actividad parlamentaria.

El portavoz de Unidos Podemos en el Congreso volvía a manifestarse el pasado martes (al final sí hubo una intervención frente a los medios) a favor de una investidura alternativa al pedir a Rajoy que diera “un paso atrás en lugar de amenazar con unas terceras elecciones” y que así “abra una segunda oportunidad” para que otros lo intenten.

Los socios territoriales de Iglesias también evitan mostrar su pasividad. Desde Compromís, Joan Baldoví (que ya protagonizó un intento a la desesperada de llegar a un acuerdo en el tiempo de descuento de la anterior legislatura) aseguró tras entrevistarse con Felipe VI que explorar un gobierno alternativo a Rajoy era “una obligación moral”. Alexandra Fernández, de En Marea, señalaba tras su encuentro con el monarca que “los números dan” para una investidura de Sánchez: “No nos resignamos a que sea inevitable un gobierno conservador. Sigue habiendo una alternativa y mantenemos esa opción abierta”. Alberto Garzón incluso se mostró dispuesto a mediar entre el PSOE y Podemos.

Iglesias prefiere mantenerse en compás de espera y sigue dando por hecho que Rajoy será investido. Ha abandonado el estado de hiperactividad en el que vivía su partido. Podemos está ahora en fase de crisálida para dejar de ser una máquina electoral y ser otra cosa. Pero aún no está claro el qué.