17/9/2019
Europa

Quiénes son los yihadistas franceses

Faltos de referentes de autoridad, encuentran en la religión lo que no les ofrece la sociedad

Tarik Yildiz - 20/11/2015 - Número 10
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Quiénes son los yihadistas franceses
Un grupo de jóvenes en Vaulx-en-Velin, Lyon.Herve Lequeux / Polaris / Contacto
Este es un año oscuro para Francia. En el espacio de unos meses el país ha recibido varios golpes en el corazón por parte de yihadistas francófonos y un cierto número de franceses, como en el caso de Chérif y Said Kouachi en el ataque contra el semanario Charlie Hedbo el 7 de enero y el de Omar Ismail, kamikaze que atacó a los espectadores de la sala Bataclan el viernes 13 de noviembre. 

¿Cómo es posible que estos franceses hayan caído en el yihadismo? ¿Cuál es su perfil? Al estudiar el recorrido de los yihadistas han golpeado Francia en los últimos años se pueden extraer algunas características comunes que, sin ser necesariamente compartidas por todos, son representativas. Franceses nacidos en Francia, estos yihadistas han crecido en barrios populares del extrarradio de grandes ciudades como París, Lyon o Estrasburgo. Son la segunda o tercera generación de inmigrantes en el país (generalmente magrebíes o del África subsahariana), han estudiado de manera gratuita, han vivido en casas de alquiler social (habitation à loyer modéré) y se han beneficiado de la protección social y de la solidaridad nacional, algo que sus padres o abuelos no tuvieron, primera generación de inmigrantes que trabajaron en Francia en situaciones muy precarias. 

Se trata, pues, de jóvenes que han vivido en un confort relativo en relación a sus progenitores, pero están atados a la violencia: el argumento de la pobreza para explicar el giro no es completamente válido. La sociedad y el Estado, por su parte, han evolucionado respecto a la época de sus padres: se han vuelto más permisivos y no han respondido con fuerza a la manifiesta necesidad de autoridad de estos jóvenes.

A una edad en la que las relaciones de fuerza son claves, desprecian al Estado francés, al que consideran débil

Un buen número de estos yihadistas era delincuente antes de su radicalización, sin haber recibido una respuesta fuerte por parte del Estado. Aunque el paso de la pequeña delincuencia al yihadismo no es automático, sí ha sido una constante regular. Igual que Mohamed Merah —autor de los tres tiroteos ocurridos en marzo de 2012 en Montauban y Toulouse—, que había sido detenido en numerosas ocasiones por hechos violentos, se ha sabido que uno de los asaltantes del Bataclan, Omar Ismail Mostefai, fue fichado ocho veces entre 2004 y 2010.

En general, los yihadistas o sus apoyos han cometido robos y agresiones o han gestionado pequeñas redes de contrabando antes de pasar al radicalismo. Algunos han estado presos y otros no, pero todos tienen un punto común: su práctica religiosa evoluciona con fuerza en pocos meses. Superficialmente religiosos durante su recorrido delictivo, se radicalizan y adoptan otra visión del islam sunita: abandonan la delincuencia para consagrarse a esta religión radical que seduce a los jóvenes faltos de referentes de autoridad, deseosos de poner a prueba los límites de la sociedad. Encuentran en la religión el marco que no tienen en el seno de la sociedad, les seduce la violencia, les fascina la fuerza que desprende el yihadismo. 

A una edad en la que las relaciones de fuerza son claves, desprecian al Estado francés, al que consideran débil. El vacío creado por esa debilidad se colma con la ideología yihadista, de la que se apropian de diferentes maneras: a veces solos, a veces en prisión, a veces en internet con interlocutores en Francia o en el extranjero, a veces a través de reuniones en el barrio. Las modalidades de radicalización toman diversos caminos. Es entonces cuando su ideología se desarrolla: el desprecio a Francia, el racismo antifrancés y la violencia, ya presentes antes del giro, van creciendo y se combinan con un odio hacia Occidente —al que consideran decadente—, los ateos, los cristianos, los judíos y los musulmanes no sunitas. 

Su islam está en contradicción con el de sus padres o abuelos, que nunca han secundado la violencia

Están en una lógica de confrontación: desean imponer sus creencias y masacrar a los que no se adaptan. Su islam es extremadamente literalista. Rechazan toda interpretación alegórica y desean aplicar las prescripciones al pie de la letra, sin ninguna contextualización y en contradicción con el islam de sus padres o abuelos, que nunca han dado problemas de este tipo ni han apoyado la violencia en nombre de la religión, como prueba el ejemplo del padre de uno de los kamikazes del viernes 13, Samy Amimour, que intentó encontrar a su hijo en Siria y condenó su radicalización. Tras la descripción del perfil de los yihadistas, cabe preguntarse por qué se han producido tantos ataques en los últimos años, si esta ideología está presente desde hace mucho tiempo. Esto se puede explicar por el contexto francés ya descrito: han saciado su sed de autoridad a través de la ideología. 

Apoyo de los países del Golfo

Hay otra explicación: el contexto internacional. La ideología se ha desarrollado sobre todo a través de potentes apoyos de países del Golfo que han contribuido a propagar una cierta visión literalista y violenta del islam. Esa corriente, aunque minoritaria entre los musulmanes, se ha desarrollado alimentada por los conflictos de Oriente Medio. Así es como en Siria o en Irak las organizaciones han podido poner en práctica su teoría, formalizar la propaganda y reclutar nuevos combatientes. Una gran parte de los yihadistas que ha atacado Francia ha pasado por Siria para luchar contra Bashar al Asad, considerado un infiel.

Combatir este yihadismo es muy complicado puesto que tanto los medios (humanos y materiales) como los modos de acción (atentados suicidas) son difícilmente controlables. Formar el campo religioso apoyando otras corrientes del islam a través de la creación de autoridades teológicas (por ejemplo, el Consejo Francés de Culto Musulmán, establecido por Nicolas Sarkozy en 2003 y considerado como el representante de los musulmanes de Francia) ha sido una de las propuestas de algunos intelectuales y responsables políticos. 
Sin embargo, este tipo de soluciones está en contradicción con la tradición laica francesa, que no se inmiscuye en el terreno religioso. Además, parece claramente ineficaz. Los radicalizados (como los delincuentes) no conceden ninguna legitimidad a la interpretación de las instituciones sostenidas por el Estado. Viven al margen de la sociedad y chocan con cualquier institución existente.  

Otras soluciones que parecen más eficaces para tratar esta problemática son reforzar los medios en materia de educación, reafirmar la autoridad del Estado en lo que se refiere a la pequeña delincuencia o reorientar la política exterior para acabar con la financiación y los soportes del yihadismo.