16/6/2019
Internacional

Túnez, la Primavera Árabe que apenas resiste

El Cuarteto del Diálogo Nacional Tunecino, premio Nobel de la Paz, conversa con AHORA sobre las amenazas a la democracia del país

Marco Calamai - 11/12/2015 - Número 13
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Túnez, la Primavera Árabe que apenas resiste
Una tunecina camina junto a un muro con pintadas sobre la revolución de 2011. Contacto
¿Adónde va la primavera árabe de Túnez después de que el Cuarteto del Diálogo Nacional Tunecino —las principales organizaciones de la sociedad civil— haya recogido el Nobel de la Paz? Ridha Tlili es consejero de la UGTT (Unión General de los Trabajadores Tunecinos), académico y director de la fundación que lleva el nombre de su padre, Ahmed Tlili, uno de los fundadores del sindicato unitario que juega un papel clave en los asuntos políticos del país desde 1946. La historia de Tlili padre es importante, tal vez única en el panorama de los países árabes: condenado a muerte, los franceses le concedieron la gracia, obligados a abandonar el país tras los movimientos pilotados por la UGTT. Primero la independencia, luego las libertades políticas hasta la revolución de 2011 contra el dictador Ben Alí, que tuvo que huir a Arabia Saudí. La UGTT ha sido el alma del cuarteto al convencer al resto —la UTICA (la patronal), la LTDH (Liga de Derechos Humanos) y la Orden de Abogados— para desbloquear el impasse político de 2013, que podía  conducir al país a una guerra civil. 

Le pido a Ridha Tlili que me explique en qué punto está la situación. ¿Representa el terrorismo salafista, cada vez más agresivo como han demostrado los atentados de este año en el museo del Bardo, en la playa de Soussi y contra un autobús en el que viajaban miembros de la guardia presidencial, una amenaza para la democracia? “No es una situación fácil ni exenta de riesgos, aunque gracias a las acciones conciliadoras del cuarteto la relación entre las fuerzas políticas es ahora mucho menos tensa que antes de las elecciones de hace un año”, explica. “Los dos grandes partidos, el laico Nidaa Tounes y el islamista Ennahda, juntos en el Ejecutivo, han infravalorado las dificultades inherentes al compromiso. Hay mucha frustración social por la coyuntura económica. La gente se pregunta adónde vamos, y espera soluciones tangibles. El desempleo es altísimo, especialmente en la regiones más pobres. El sectarismo ideológico sigue presente en las bases de los partidos: desde los islamistas hacia los laicos y viceversa. El futuro del país, el éxito del diálogo nacional promovido por el cuarteto y la capacidad de afrontar la amenaza terrorista están relacionados con esa cuestión.”

El terrorismo provoca ansiedad y miedo. Túnez vive intensamente la pesadilla del fundamentalismo islámico. “Yo distinguiría dos fases”, sostiene Tlili. “La primera fue el intento de crear un califato en zonas de Argelia, Libia y el sur de Túnez. La segunda, la que estamos viviendo: el terrorismo urbano de la mano de pequeños grupos yihadistas, los mismos que ahora piden que regresen los tunecinos que se fueron voluntariamente a Siria e Irak a combatir con Dáesh. Son miles de jóvenes. Túnez está en el primer puesto entre los países que proporcionan combatientes extranjeros para Oriente Medio. El terrorismo ya ha provocado la caída del turismo; ha hecho mucho daño a la economía.”

Ennahda es un partido moderado y religioso. Según algunos observadores, se parece a la Democracia Cristiana italiana de posguerra. Nidaa Tounes es una coalición que mira a Europa y sus valores laicos, recelosa de cualquier intento de dejar entrar a la religión en la vida pública. La Constitución de 2014 representa el punto de equilibrio entre estas dos fuerzas políticas, resultado de la acción del cuarteto. Un auténtico milagro que ha impedido tanto la involución hacia un orden autoritario (como ha sucedido en Egipto) como una situación caótica (como la de Libia). 

Pero ¿conseguirá perpetuarse este clima de conciliación? “Cuando Occidente analiza la situación árabe —dice el profesor Mohamed Haddad, que dirige el observatorio árabe de las religiones y la libertad—, se centra demasiado a menudo en el conflicto ideológico entre laicos e islamistas. Es un conflicto importante, pero que se desarrolla sobre todo en el interior de las élites. Las masas populares son ajenas a él. Si se observa con atención a la sociedad tunecina, se descubre que la separación entre las dos culturas, la religiosa y la laica, es menor que en otros lugares. Hay otros conflictos, otras líneas de demarcación en la sociedad que los observadores europeos y americanos no destacan. Aquí hay una gran distancia entre  las zonas desarrolladas de la costa y las pobres del interior, donde nació la revolución de 2011. Del interior vienen los terroristas, jóvenes universitarios sin perspectivas de futuro que abrazan el islamismo más radical”, explica Haddad. “Están desesperados y una minoría mira con simpatía a los islamistas radicales. Es en el terreno  económico-social donde se juega la relación entre la clase política y la gente. Los líderes de los principales partidos han llegado al poder gracias a una revolución que no han protagonizado.” 

Los jóvenes miran a Oriente

¿Qué es lo que empuja a tantos jóvenes tunecinos fuera del escenario que, con sus límites, es un ejemplo de democracia en el norte de África? ¿Por qué el salafismo sigue consolidándose también en Túnez? Haddad vuelve a sacar el problema de los jóvenes que no se reconocen en el nuevo régimen. “Los jóvenes tunecinos en paro ya no miran a Europa sino a Oriente, a los países ricos del Golfo que ofrecen dinero y empleo. Hay un nuevo tipo de emigración, más ideológica que antes. Los países suníes del Golfo transfieren a Túnez enormes cantidades de dinero para construir mezquitas, para predicar el islam más conservador y ayudar a las familias pobres. Una parte de ese dinero termina en manos de los terroristas.” 

Túnez está en el primer puesto entre los países que proporcionan jóvenes combatientes para Oriente Medio  



En Túnez muchos se fijan en Ennahda para observar la evolución del componente islamista moderado. Imen Ben Mohamed es una joven diputada de ese partido, elegida por los tunecinos emigrados a Europa. Hija del imam de un barrio en la periferia de Roma, me recibe en la sede del Parlamento. “Nuestro modelo democrático es un ejemplo para otros países árabes. Por eso el cuarteto ha merecido el Nobel de la Paz. Pero por desgracia es una excepción. Todos los que formamos parte de Ennahda estamos de acuerdo en que no se debe volver atrás, pero también sabemos que es un recorrido difícil, amenazado por dos factores decisivos: el terrorismo y la crisis económica. La seguridad es fundamental si queremos salvar la democracia, pero está sujeta a la solución de los grandes problemas sociales. La unidad nacional es esencial. Por esto estamos en el Gobierno con Nidaa Tounes. Ambos somos favorables a un modelo liberal de economía abierta que facilite las inversiones. Necesitamos infraestructuras que acorten las distancias entre la costa y el interior. En definitiva: somos conscientes de que las reformas necesitan tiempo”. 

La diputada insiste en la importancia del acuerdo de gobierno con los laicos de Nidaa Tounes, aunque su partido está representado en la coalición por un solo ministro. Y no oculta su preocupación por las polémicas en el partido que ganó las elecciones de 2014. “Estamos preocupados por la crisis de Nidaa Tounes. No se trata solo de una clásica lucha de poder. Creemos que hay algo más, pero aún no está claro.” 

Le pregunto cómo ha vivido su partido la derrota electoral de 2014. “Un resultado como el de 2011, obtenido en pleno proceso revolucionario, era imposible por muchos motivos. En ese momento éramos los favoritos por haber sido la única oposición a Ben Alí, pagando, por cierto, un precio en forma de durísima represión. Muchos de nuestros dirigentes habían estado en prisión. Otros habían vuelto del exilio. Además, éramos un partido con fuertes raíces populares que se había vinculado a las instancias revolucionarias. Después llegaron los primeros años de gobierno, que nos desgastaron porque no estábamos preparados. Seguramente cometimos errores que hicieron que en 2014 pasáramos al segundo lugar. Pero no hemos perdido nuestra base. Muchos no confiaban en nuestra vocación democrática. Ahora deben tomar nota de nuestra coherencia. Hemos evitado una involución como la egipcia, que habría tenido lugar si hubiéramos intentando quedarnos en el gobierno mientras las tensiones en el país aumentaban.”

Revolución de la sociedad civil

Pero no todos piensan como la diputada de Ennahda. Lina Ben Mhenni —autora del blog ATunissianGirl— es una joven comprometida con los derechos de la mujer. “Hemos sido los representantes de la sociedad civil los que hemos impedido que tras la fase inicial de la revolución se volviese a formas autoritarias. La Constitución es en gran parte el resultado de nuestras movilizaciones. Las propuestas del cuarteto fueron acogidas por los principales partidos porque estaban respaldadas por la sociedad civil. Ahora En-
nahda declara estar de acuerdo con la reconciliación, pero fueron los jóvenes, y sobre todo las mujeres, quienes la impusieron.”

Lina Ben Mhenni no disimula sus temores respecto al radicalismo islamista ni su desconfianza hacia Ennahda. Ha sido amenazada por los grupos salafistas más conservadores. Ahora tiene escolta. “El ministro del Interior me comunicó la decisión de protegerme. Sé que mi vida está en peligro. Desgraciadamente, el terrorismo crece con  las esperanzas frustradas. Aun así soy optimista porque los jóvenes, en particular las mujeres, siguen peleando. Han sido ellos los que han salvado la revolución y la democracia tunecina. Pero la situación puede empeorar. Corremos el riesgo de que el Gobierno, frente a la amenaza terrorista y la protesta social, se haga cada vez más autoritario.” 

Como esta activista, muchos en Túnez temen que los desequilibrios sociales puedan favorecer a los grupos yihadistas cercanos a ISIS. Si la joven democracia no ofrece esperanza, el proceso político apoyado por los principales partidos y por el cuarteto corre el riesgo de sufrir una grave involución.

Kadija Cherif es otra activista  comprometida con la batalla democrática. Se habló de ella para ser ministra de la Mujer, la Familia y la Infancia en el Gobierno de coalición, pero alguien (¿Ennahda?) se opuso por sus posiciones críticas. “Estoy profundamente decepcionada con los partidos después de la revolución. Muchos de nosotros, aunque luchamos contra la dictadura de Ben Alí, no estábamos preparados para asumir el poder político. Mientras una parte de la sociedad civil demandaba reglas democráticas, los partidos no perseguían los mismos objetivos. La victoria islamista de 2011 fue un shock. Se hizo evidente la existencia de dos proyectos sociales: el islamista, que gobernó durante tres años, fue un fracaso. Hubo una regresión social: se extendió el uso del velo”, explica Cherif. “Los islamistas de Ennahda temían terminar como los Hermanos Musulmanes de Egipto. Para evitar ser apartados cambiaron de estrategia, aceptaron las propuestas del cuarteto y, por lo tanto, la Constitución y las elecciones.”

“Tendríamos que imitar de alguna manera a los españoles con los Pactos de la Moncloa de 1977”

Le pregunto cuál es su opinión sobre los problemas en Nidaa Tounes. Cherif dice estar desilusionada con la fuerza política fundada tras la revolución por Béji Caïd Essebsi, el actual presidente de la República, representante de la clase política formada en la época de Habib Burguiba y reaparecido tras años de silencio. “Nidaa Tounes está fracasando. Crece el desempleo y aumenta la corrupción. Se trata de un partido nacido tras la victoria de Ennahda en 2011 con el único objetivo de unir a todas las fuerzas contrarias al partido islamista. Las hay de izquierda, pero está dominado por los viejos exponentes de la dictadura y por algunos mafiosos que persiguen solo sus propios intereses. Se trata de una crisis interna que beneficia tanto a los nostálgicos del viejo régimen como a Ennahda.” 

Las relaciones económicas y culturales entre las dos orillas del Mediterráneo han sido siempre intensas. Desde los tiempos romanos e incluso antes de los fenicios. Los valores del continente europeo siguen siendo fundamentales, aunque ahora están limitados a la parte de la sociedad tunecina que se autodefine laica y proccidental. La pregunta se repite en muchos encuentros: ¿representa la Unión Europea un punto de referencia positivo para la nueva democracia tunecina, ahora que los canales migratorios están interrumpidos y la crisis económica golpea también al viejo continente? Cherif no duda: “Occidente ha apoyado los regímenes autoritarios del norte de África y Oriente Medio. Europa ha mantenido sólidos vínculos con los dictadores árabes. Ahora tiene miedo del avance del islamismo radical y se cierra aún más en sí misma, defendiendo un liberalismo económico carente de valores. La estrategia adoptada para hacer frente a la crisis financiera iniciada en 2008 es la de la austeridad y el control de la deuda. Esto ha influido negativamente también en nuestra economía.

¿Resultado? El paro ha aumentado tanto en Europa como en Túnez. Desde el punto de vista cultural y de los valores democráticos, Europa ha intentado exportar laicidad, pero no ha conseguido lo que esperaba. Haber apoyado a los dictadores árabes durante tanto tiempo ha hecho difícil la penetración del espíritu laico en el mundo islámico. Estoy convencida de que los responsables del crecimiento del radicalismo islamista que ahora amenaza la democracia tunecina son los regímenes dictatoriales.”

Pesimismo por el futuro 

Las organizaciones de la sociedad civil, decisivas en los primeros años de la transición democrática, siguen siendo centrales en el cuadro político. En ellas las mujeres juegan un papel crucial. La abogada Farah Haced, fundadora y presidenta de Labò Démocratique (asociación que pelea por la transparencia en la administración pública), explica: “No queremos el tipo de democracia que persigue Ennahda, clientelar y ligada a la tradición islamista. Un modelo que en Túnez fracasó rápido. Ahora la situación es peor que antes y muchos añoran el régimen de Ben Alí. Frustración por el presente y pesimismo por el futuro pueden conducir a la afirmación de la ideología del hazlo tú mismo, apáñatelas como puedas. Sería el inicio de un clima de ilegalidad difusa, de violencia. La ley del más fuerte lleva al autoritarismo. Estamos cerca de un punto crítico, muy peligroso para la democracia”. 

La abogada insiste en que necesitan una justicia eficiente. “Nuestra democracia es aún incierta. Defendemos los derechos humanos, incluidos los de los homosexuales, que los dos partidos mayoritarios no tienen intención de tutelar. Queremos superar el modelo democrático europeo imponiendo el respeto a todos los derechos, incluidos los económicos y sociales”. 

La de Túnez es un sociedad consciente de que no hay atajos fáciles, que el proceso de consolidación de las instituciones no será rápido ni indoloro. El desafío del radicalismo islamista sigue siendo fuerte. La cercanía de Libia es otro elemento de preocupación. “Hasta hace poco había unos 300.000 tunecinos en Libia. Esa época pasó. Ahora los libios vienen a Túnez. Algunos para huir del caos en su país; otros para hacer negocios. El contrabando se extiende en nuestras fronteras y llega a las ciudades. Los contrabandistas libios venden abiertamente sus productos en las plazas de Túnez. Se sienten fuertes y desafían a nuestras autoridades. Se trata de un fenómeno que alimenta un clima de inseguridad y que acentúa la impresión de un Estado ausente. Sobre todo en el sur, donde las instituciones son débiles y las organizaciones salafistas radicales, poderosas. El problema de Libia es muy grave”, subraya Tlili, el consejero de la UGTT. 

Los periódicos insisten en la creciente tensión entre sindicatos y emprendedores, y manifiestan su preocupación por la paz social. “Mientras la clase política no sea capaz de dar ejemplo, la situación se hará más tensa. Debemos evitar que se rompa el espíritu del cuarteto. Túnez es un país pequeño, con pocos habitantes. Tendríamos que imitar de alguna manera a los españoles con los Pactos de La Moncloa de finales de los 70”, sostiene Tlili. Europa está más que nunca en el centro de las esperanzas tunecinas. Pero aumentan las dudas sobre su capacidad y voluntad de presentar propuestas económicas que puedan ayudar al desarrollo del país. 

Saliha Garbi, economista y socióloga, dedicada desde hace años a la cooperación internacional, espera una nueva política —tanto institucional como económica— para salir de la crisis. “Es importante que la UE no vuelva a proponer fórmulas que han fallado en el viejo continente, como la austeridad. Yo miraría hacia otros lugares como Latinoamérica o Japón”, apunta Garbi. “Si no damos una respuesta a los grandes problemas de la desigualdad y el desempleo en este país, la democracia tunecina se enfrentará a serias dificultades. Y además está el histórico descentramiento territorial. Por último, también en el asunto de la cooperación internacional deberíamos evitar cometer viejos errores”. 

Traducción de Zita Arenillas