23/5/2019
Análisis

El doble monopolio de los técnicos comerciales del Estado

Tienen la exclusiva de la representación exterior, también en organismos financieros, y ellos deciden sobre sus destinos

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José Manuel Soria.

Con el caso Soria, que tiene una indudable dimensión política y mediática coyuntural, ha aflorado una anomalía de nuestra Administración Pública que tiene un carácter estructural: el grado de monopolio de los técnicos comerciales del Estado, un cuerpo que surgió en 1984 de la fusión de dos cuerpos de élite, el de los economistas del Estado y el de los técnicos comerciales, aunque el primero de ellos fue creado en 1930. De hecho, mi padre fue uno de ellos, en una promoción que tomó posesión en una fecha fatídica: el 18 de julio de 1936. Como ocurre en otras profesiones, el proceso de selección es bastante endogámico. Y el problema ha ido a peor. A finales de los años 80, el tribunal que examinaba oralmente a los opositores se abrió para incluir con un peso decisorio relevante a profesores de la universidad. De hecho, yo mismo tuve el honor de participar como profesor titular en algunos de esos tribunales, una costumbre que se diluyó en los años 90, en los que los miembros del tribunal volvían a ser principalmente los propios técnicos. Pero lo más llamativo no es este carácter endogámico, sino que este cuerpo ejerce desde siempre un doble monopolio:  Primero, el monopolio de la representación comercial exterior de España, incluyendo los organismos financieros multilaterales (FMI, Banco Mundial, BID, BERD, etc.) y, segundo, el monopolio en la decisión sobre sus propios destinos.

Expliquemos con algunos ejemplos ambos poderes monopolísticos. Con respecto al primero, para dirigir alguna de las 98 oficinas comerciales de España en el exterior se exige que se pertenezca a este cuerpo. Supongamos que Amancio Ortega, tras décadas de éxitos en su expansión comercial en todo el mundo, hubiera querido pasar los últimos años de su trayectoria profesional como servidor público, representando a España en nuestra Oficina Comercial en Shanghái, pongamos por caso. Pese a que habría sido un lujo para España tener semejante agregado comercial, no habría podido serlo, pues se le habría exigido pasar antes por las correspondientes oposiciones.

Este monopolio en la representación exterior no existe para el caso de las embajadas, pues hay un número de embajadores, aunque sigue siendo limitado, que no pertenece al Cuerpo Diplomático. Y en el caso de la representación de España en las instituciones financieras internacionales, como es el caso del puesto de director ejecutivo del Banco Mundial, ofrecido a José Manuel Soria, el monopolio es más escandaloso, pues dichas organizaciones no exigen que los candidatos sean funcionarios, ni mucho menos de un cuerpo específico. Por tanto, no se trata, como en el primer caso, de un “monopolio legal” sino de un “monopolio inventado” por el propio cuerpo, que es el que recibe en exclusiva la información sobre las vacantes y sus plazos. Además de “inventado”, es un monopolio reciente, pues hubo un tiempo en que funcionarios de otros cuerpos podían acceder a estas plazas.

En cuanto al segundo poder de monopolio, el de la decisión sobre sus destinos, puedo contar mi propia experiencia personal. En abril de 2009, al año de llegar al Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, el entonces director general de Energía, que era técnico comercial y llevaba cinco intensos años en ese puesto tan complicado del ministerio, me planteó que quería volver a su carrera profesional e irse a una oficina comercial en el exterior, a ser posible en EE.UU., donde iba a haber varias vacantes. Yo acababa de volver de un viaje por EE.UU., había establecido una buena relación con el recién nombrado secretario de Energía de Obama, Steven Chu, premio Nobel de Física y profesor universitario, y creía que sería importante para nuestro país tener un representante español con conocimientos y experiencia en materia energética en una oficina comercial, la de Washington D.C., que es fundamentalmente institucional. A mi director general le encantó la idea, pero pronto empezaron los problemas: el propio cuerpo era el que decidía esos destinos según un escalafón poco transparente e incomprensible y no lo vio conveniente. Y al final,  mi director decidió irse a Miami para evitarme un conflicto y a Washington fue otro candidato, que tenía más “méritos” por haber sido consejero de la Comunidad de Madrid, que al parecer es más meritorio que haber sido director general de Energía del Gobierno de España. La cuestión no es que el ministro de turno no pueda decidir sobre esos destinos. La cuestión es que solo puede decidir si el ministro es técnico comercial, como ha quedado de manifiesto en los acontecimientos recientes.

Los tecos no se reforman, se atrincheran. Defienden la liberalización de todo, menos de lo suyo

No habrá forma de cambiar esos procedimientos tan poco transparentes sin modificar la ley, para limitar el doble monopolio del que goza ese cuerpo. Sin duda, una reforma estructural difícil de llevar a cabo, por el carácter corporativo de sus miembros y porque buena parte de ellos ha ocupado puestos muy relevantes en los gobiernos de la democracia. Además de los casos más conocidos del último Gobierno del PP, Soria y De Guindos, han sido miembros del cuerpo los vicepresidentes Fuentes Quintana, García Díez y Solbes, los cinco últimos gobernadores del Banco de España (excepto Mariano Rubio), 11 ministros y 22 secretarios de Estado.

Herederos de una gloriosa generación de economistas y funcionarios que luchó por la modernización y liberalización de la economía española y su integración en Europa (Varela, Rojo, De la Dehesa, Fuentes, García-Díez, Bustelo, De Velasco), poco queda ya de ese espíritu rompedor y reformador de las viejas estructuras franquistas y autárquicas. El cuerpo, en la actualidad, pese a su espíritu presuntamente liberal, lejos de reformarse se atrinchera para mantener unos privilegios que quedan resumidos en ese doble monopolio. Es decir, son de los que defienden la liberalización de todo, menos de lo suyo. Otra reforma pendiente. Y no la he visto en la lista de las 150. Por algo será…