21/7/2019
Europa

Schengen, a prueba por la crisis de refugiados

Cada país sigue actuando por su cuenta al tiempo que aumentan los controles fronterizos en la UE

Dani Rovirosa - 13/11/2015 - Número 9
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Schengen, a prueba por la crisis de refugiados
Los refugiados caminan desde la frontera croata hasta el centro de acogida en Brežice, Eslovenia. Jure Eržen / DELO
Los controles fronterizos, las barreras y las vallas están hoy a la orden del día entre diversos países de la zona Schengen. Desde su entrada en vigor hace 20 años, la libertad de movimientos —uno de los hitos que mejor definen la integración europea— nunca había estado tan en entredicho. Incapaces de encontrar una respuesta común a la crisis de refugiados, cada país sigue actuando por su cuenta para evitar la entrada de miles de personas en su territorio.  Los líderes de la UE intentan ahora que las normas del tratado no terminen siendo papel mojado, ante el riesgo de los hechos consumados. 

“Schengen es intocable, pero eso va a depender de que la situación no sea insostenible”, reconocen fuentes diplomáticas. La instauración de chequeos permanentes no está permitida, pero sí se pueden establecer controles puntuales y delimitados en el tiempo. Así se está haciendo a día de hoy, aunque los controles llevan ya varias semanas y no en todos los casos se comunican a la Comisión Europea.

En un primer momento, Angela Merkel decidió abrir las puertas de su país a los refugiados, saltándose la Convención de Dublín que establece que los demandantes de asilo en la UE deben quedarse en el primer país de entrada. Algunos analistas dijeron entonces que actuaba para aumentar la fuerza laboral de un país envejecido. El pasado miércoles, no obstante, Alemania decidió volver a aplicar la Convención.

Las imágenes de miles de refugiados marchando a pie desde Hungría hasta Alemania, con pancartas en favor de Merkel, inundaron losmedios de comunicación en el mes de septiembre. Hasta que unos días después, tras recibir en un solo fin de semana a 10.000 personas procedentes de Austria, el gobierno de Baviera se plantó ante la canciller y esta se vio obligada a instaurar los controles fronterizos. 

Efecto dominó en las fronteras

Como consecuencia, los refugiados permanecerían más tiempo atrapados en el país vecino y el Gobierno socialdemócrata austriaco no estaba dispuesto a ello. Así, el país comenzó a vigilar sus fronteras y acto seguido le imitó Eslovaquia, ante el temor de que la ruta se desviara hacia su territorio, tal y como ha sucedido. República Checa, Polonia, Bélgica y Holanda tienen medidas para limitar la libre circulación de personas. El caso más extremo es el de Hungría, que levantó un muro en la frontera con Serbia y está construyendo una alambrada en el límite con Croacia. 

La instauración de chequeos permanentes no está permitida, pero sí se pueden establecer controles puntuales

La Comisión Europea ha reconocido que hasta 2017 entrarán tres millones de personas en la UE, y ante esta situación “algo hay que hacer para evitar que en la práctica no se aplique” el Tratado de Schengen, comentan las fuentes diplomáticas citadas. Aunque reconocen que ningún gobierno está dispuesto a poner el dedo en la llaga a sus socios para obligarlos a cumplir las normas de forma escrupulosa. 

Entre los países de la UE “hay una confusión sobre a qué nivel y bajo qué criterio hay que dar una respuesta” a la crisis de los refugiados, explica José Ignacio Torreblanca, analista del think tank European Council on Foreign Relations. Mientras algunos toman sus decisiones “pensando en parámetros de soberanía nacional”, Alemania, Suecia e Italia  —durante el año que mantuvo la operación Mare Nostrum— se guiaron al inicio “por principios humanitarios”. Su cambio de postura, considera, se debe a que “no todos actuaron de la misma forma”.

A la hora de afrontar este reto, para Torreblanca existen similitudes con la crisis del euro por el hecho de que “Merkel ha europeizado” la necesidad de encontrar una solución a la ola migratoria y ante la constatación de que la UE “carece de instrumentos para gestionarla”. En el flanco exterior, “Frontex [la agencia europea de control de fronteras] no tiene la capacidad para proteger” los límites externos del territorio comunitario, asegura. Hasta el momento, los estados miembros no le están proporcionando todos los medios necesarios y la propuesta francesa de crear una guardia europea de fronteras no convence a todos los países. Malta y Suecia son los que más se oponen a esta idea, negándose a ceder competencias en este ámbito. Además, hay que tener en cuenta, según el analista, que desde un punto de vista interno “el sistema de asilo no está integrado”. Ante esta incapacidad para dar una respuesta comunitaria a la presión migratoria “los estados están indefensos”. A diferencia de lo ocurrido con la crisis de deuda, a la hora de afrontar este reto “no hay un Banco Central, un Mario Draghi” que aporte soluciones. 

Problemas de reubicación

El sistema para reubicar a 160.000 refugiados se está poniendo en marcha muy lentamente. A ello contribuye que aún son pocos los países que están ofreciendo plazas para cobijarlos, pero también el hecho de que Italia y Grecia ralentizan la construcción de los centros de registro, imprescindibles para saber quién tiene derecho a recibir protección en la UE. La tarea no es fácil, porque muchos refugiados huyen de las autoridades para seguir su camino hacia el norte de Europa.

Para controlar el flujo, los ministros del Interior de la UE han propuesto esta semana crear “centros de procesamiento” a lo largo de toda la ruta de los Balcanes, incluso en los estados no comunitarios. El objetivo es aligerar la presión que sufren los dos principales países de entrada. La propuesta ha generado dudas y se teme que estos centros puedan terminar convirtiéndose en cárceles para inmigrantes. Para el comisario de Interior, Dimitris Avramopoulos, no hay “nada más lejos de nuestra intención que crear centros de detención”. No obstante, en las conclusiones del encuentro se señala que las normas comunitarias permiten tomar “medidas coercitivas como último recurso”.

El sistema de reubicación  no es una buena medida, en opinión de Sergio Carrera, investigador del Centre for European Policy Studies. Considera que está herida de muerte nada más nacer, porque “da por supuesto que el reglamento de Dublín funciona, cuando es evidente que no es así”.

La Comisión Europea ha reconocido que hasta 2017 entrarán hasta tres millones de personas en la UE

Esta es precisamente la normativa que Merkel se saltó tras constatar que los potenciales demandantes de asilo no permanecían en Grecia, su primer país de entrada en la UE, al que por ley debían solicitar la protección. Carrera propone reformar el reglamento, de tal manera que “el sistema de asilo no sea visto como una carga para los estados miembros”.
En este sentido, considera acertada la decisión de Bruselas de incluir la crisis de refugiados en sus últimas previsiones económicas. La Comisión Europea considera que si se consigue integrar en el mercado laboral a los recién llegados, el crecimiento económico de la UE podría aumentar ligeramente, entre un 0,2% y un 0,3% del PIB. “Utilizar argumentos económicos positivos es muy útil” para rebatir los de la extrema derecha “basados en el miedo”, opina Carrera. El efecto que puede tener la crisis de los refugiados sobre los gobiernos es para Torreblanca el gran interrogante a tener en cuenta. “Habrá que ver si son capaces de aguantar la presión”, apunta. Sus temores ya han empezado a dejarse entrever. 

Efectos políticos de la crisis

En Polonia, el partido Ley y Justicia de Jaroslaw Kaczynski acaba de ganar las elecciones tras una campaña electoral en la que el tema migratorio ha estado muy presente, a pesar de que el país apenas ha recibido solicitudes de asilo. Según un reciente estudio publicado en Alemania, la CDU de Angela Merkel obtuvo el nivel de aceptación más bajo en tres años. La canciller continúa presionando al resto de países para que admitan a más refugiados, al tiempo que su Gobierno ha empezado a endurecer la política de acogida. El ministro del Interior, Thomas de Mazière, criticó la llegada de afganos y los urgió a trabajar en la reconstrucción de su país. Según el plan ideado por Bruselas, solo sirios, iraquíes y eritreos pueden beneficiarse del plan de reubicación, si bien es cierto que cada solicitud de asilo se analiza individualmente.

Suecia, el segundo país que más refugiados acepta y el primero en relación al tamaño de su población, también ha dado un giro recientemente. La coalición gubernamental de izquierda  —formada por socialistas y ecologistas—  acaba de pactar con la oposición conservadora una propuesta para que su sistema de acogida sea menos atractivo. La intención es sustituir los permisos de residencia permanentes por otros temporales. Además, quiere recortar a la mitad la ayuda al desarrollo y utilizar ese dinero para integrar a los refugiados que están en el país. 

Europa quiere que Turquía selle su frontera

Dani Rovirosa
Entenderse con Turquía se ha convertido en una prioridad. De los cuatro millones de sirios que han huido de la guerra en su país, más de la mitad está en el país otomano y los líderes europeos quieren evitar su entrada en el territorio comunitario. Los Veintiocho han pedido a las autoridades turcas que sellen su frontera y aseguran que de ello depende, en gran parte, la supervivencia de Schengen. La Comisión negocia un plan de acción con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quien ha puesto un precio alto a las demandas europeas: recibir 3.000 millones de euros, acelerar el proceso de liberalización de visados y agilizar la adhesión de Turquía a la UE.

Aún no hay consenso entre los países europeos sobre la ayuda económica que se le va a dar a Turquía, y respecto a los dos últimos puntos la canciller alemana, Angela Merkel, se ha comprometido a llevarlos a cabo. Tendrá que convencer para ello a países como España, Reino Unido y Francia, reacios a conceder visas con mayor celeridad. A París no le basta con que el Gobierno turco vigile su frontera, sino que le pide también que ratifique el acuerdo de readmisión con la UE. Para que los ciudadanos turcos puedan entrar libremente en la zona Schengen, Turquía deberá aceptar la devolución de todas aquellas personas —independientemente de su nacionalidad— que entren en suelo europeo de forma irregular.