18/11/2019
Internacional

En el umbral del cambio

La inflación y la impopularidad de Maduro favorecen a la oposición en las legislativas venezolanas

Alicia Hernández - 04/12/2015 - Número 12
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En el umbral del cambio
Las esposas de los opositores encarcelados, Ledezma y López. EFE
La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la oposición venezolana, tiene muchas posibilidades de  ganar las elecciones a la Asamblea Nacional el 6 de diciembre. El contexto —una alta inflación, el barril de petróleo en su precio más bajo de los últimos años, la escasez de comida y medicamentos—, así como la caída de popularidad del presidente Nicolás Maduro, no ayuda al Gobierno a levantar los números del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ni de su alianza, el Gran Polo Patriótico (GPP). El país podría estar ante el principio del cambio.

La mayoría de las encuestas dan ventaja a la oposición, que ganaría con mayoría simple (82 diputados) y no con dos quintos (101 diputados) o mayoría absoluta (112). La razón de la brecha que haría perder al chavismo es la crisis económica, según el politólogo John Magdaleno. “Durante tres años la tasa de inflación ha sido la más alta del mundo, y es la más alta de la historia del registro que lleva el Banco Central de Venezuela desde 1950.” Aunque no hay cifras oficiales, Bank of America publicó un estudio en el que prevé que el año cierre con un 170%. En la calle, esto se traduce en que los precios cambian varias veces al mes. 

La aprobación del presidente está en un 20%  y en la calle se escucha: “Soy chavista pero no madurista”

A eso, dice Magdaleno, se añade “un grave problema de abastecimiento de productos básicos que ha generado una creciente irritación y malestar social”. Desde hace meses es una tarea titánica conseguir arroz, lentejas, habichuelas negras o harina de maíz. Según el Gobierno, la escasez se debe a la guerra económica liderada por los empresarios y la derecha, así como al contrabando. La oposición culpa a la mala planificación del Ejecutivo y su dependencia de las importaciones. Estas, a su vez, disminuyen cuando el principal ingreso del Estado en dólares es el petróleo, cuyo precio ha caído de 100 a 45 dólares. 

Otro elemento novedoso en estas elecciones es el estado de excepción impuesto en algunos municipios desde agosto. Una medida que nunca se había usado desde que el chavismo llegó al poder, ni siquiera durante el paro petrolero y el golpe de Estado de 2002. Con el argumento de la lucha contra la extracción ilegal de alimentos y el paramilitarismo, se declaró esta situación en parte de los estados Táchira, Apure y Zulia, fronterizos con Colombia. Si bien el derecho al voto está protegido por la Constitución en estos casos, hay restricción de la libre circulación, de manifestación y de reunión en 23 municipios, principalmente de voto opositor. 

“La MUD puede ganar en votos pero no en escaños, como ya pasó en septiembre de 2010. Este sistema electoral tiene un esquema perverso, hay una sobrevaloración de las mayorías”, explica el analista Nicmer Evans, que plantea que el posible triunfo de la oposición “no se debe a su éxito, propuestas o candidatos, sino a la inoperancia de los que se dicen defensores del legado de Chávez”. Varias encuestas coinciden en señalar la popularidad, aceptación y reconocimiento de la figura de Chávez en un 58%, “pero la popularidad de Maduro está en un 20%”. Y ahí hay otra brecha, esa que hace que en la calle se escuche: “Soy chavista pero no madurista”. 

Y puede que se dé otro hito en estas elecciones: el voto de castigo. “Pero es un voto castigo-voto prestado: te lo presto porque no hay otra opción”, explica Colette Capriles, profesora de Ciencia Política en la Universidad Simón Bolívar. Capriles apunta que aunque estos datos existen hace meses, el Gobierno no ha entendido la situación, no se conecta o lo niega. “Maduro desestima el impacto, el nivel de malestar de la sociedad venezolana y no piensa que esto se vaya a reflejar en las urnas.” La profesora compara este periodo con 2003-2004, época anterior al referéndum revocatorio para sacar a Chávez de la presidencia. 

Misiones, regalos y promesas 

En ese momento se postergó el plebiscito y se anunciaron los primeros programas sociales, que hoy son más de 40 y abarcan vivienda, alimentación o ayuda a las madres jóvenes de sectores populares. Esa era la época de bonanza petrolera, de regalar a manos llenas. Desde entonces, y casi con una precisión suiza impropia del Caribe, se han anunciado programas (misiones) antes de cada elección. En lugar de eso, esta vez el Gobierno ha enriquecido los mercados con productos a precios regulados, ha regalado taxis, entregado nuevas recolectoras de basura y tablets. Todo en las últimas dos semanas. Misiones, regalos, promesas y el recuerdo del fallecido Chávez —la papeleta del PSUV lleva sus ojos; las cuñas, eslóganes y discursos repiten su nombre— son los anclajes del Gobierno. 

Otra de las ventajas del PSUV es la “aplanadora roja”. El periodista Eugenio Martínez explica a AHORA que estas elecciones “no son la MUD contra el PSUV sino contra el Estado venezolano. Este, junto con el silencio del Consejo Nacional Electoral, suele usar todos los recursos que están a disposición del Gobierno para mover electores”. A eso se suma el uso de información privilegiada, el control de quién es beneficiario de los planes sociales. 

“A las seis de la tarde del día de la elección suele haber una prolongación inusual del horario de cierre de las mesas electorales. Es entonces cuando se chequea si todos los beneficiarios de misiones votaron. Si no, se les busca para que voten”, dice Martínez. Según el periodista, militantes del PSUV y beneficiarios de misiones deben pasar por un punto rojo del partido donde se hace una lista de voto. “Si a las cuatro de la tarde las personas que calculaba el PSUV no han ido a votar, se activa esa maquinaria con recursos del Estado para que lo hagan. Si no votan por el PSUV, los amenazan con perder sus prebendas.” 

En Venezuela se vota con máquinas, un sistema que permite la confidencialidad del voto. Pero la percepción del venezolano es otra. Según un estudio de la Universidad Católica Andrés Bello, al menos el 50% de los electores cree que su voto no es secreto. “En un país donde la mayoría depende directa o indirectamente del Estado, esto es un condicionante muy fuerte a la hora de votar”, dice Martínez. 

A la coacción se suma la violencia. Hasta 7 ataques en menos de 10 días dicen haber sufrido en la oposición durante actos de campaña, incluyendo el asesinato de un dirigente regional del partido Acción Democrática. Desde el Gobierno apuntan a una pelea entre bandas. “Por el contexto de esta elección, es probable que crezca la violencia”, señala el consultor político Edgar Gutiérrez. “Lamentablemente, pienso en la hipótesis de la violencia antes, durante y después del 6D.” 

Lo que parece claro es la demanda de cambio en el pueblo de Venezuela. Un cambio que según Gutiérrez pide un 86% de la población, pero que significa cosas tan dispares como que salga Maduro de la presidencia, que se mantenga pero cambie el modelo económico o que se vayan todos. Este giro inarticulado no solo dependerá de que la oposición gane la Asamblea, sino de que haya voluntad política de ambos lados en esa plausible transición que puede no estar exenta de violencia. Un cambio que, con la situación actual de la economía, los venezolanos no verán de un día para otro.