24/4/2018
Internacional

La rebelión de los generales

Ex altos mandos del Ejército israelí rechazan la política exterior y de seguridad de Netanyahu

Ramy Wurgaft - 23/09/2016 - Número 52
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La rebelión de los generales
Un soldado israelí reza en la frontera de su país con Líbano, cerca de la población de Avivim, en mayo de 2011. MENAHEM KAHANA / AFP / Getty

“La sociedad está en plena decadencia por privar de sus derechos a los palestinos”, dicen 56 exmilitares  

En vísperas de las elecciones  de 2015 apareció en los diarios israelíes una carta abierta llamando a los ciudadanos a que, antes de depositar su voto, tomaran conciencia de que “por privar de sus derechos a millones de palestinos, la sociedad israelí se encuentra en plena decadencia moral y cada vez más aislada en la comunidad internacional”.  

Nadie se hubiera extrañado si un grupo pacifista como Shalom Ajshav (Paz Ahora) hubiera planteado una denuncia similar. Pero la carta llevaba la firma de 56 exoficiales de alto rango de las Fuerzas Armadas, los Servicios de Espionaje y la Policía, agrupados en Comandantes por la Seguridad de Israel. Gran parte de los signatarios eran veteranos de las guerras que ha librado Israel desde 1967. Muchos han sido condecorados por su valor en combate.

CONTRA EL GOBIERNO. El general de División Amnon Reshef lideró la iniciativa de publicar una carta abierta alertando contra "las acciones temerarias que promueve la cúpula gobernante". M. KAHANA / AFP

La idea de apelar al electorado en esos términos fue del general de División Amnon Reshef,  quien en una posterior rueda de prensa se declaró, en referencia a un eventual ataque contra Irán, “alarmado por las acciones temerarias que promueve la cúpula gobernante, al tiempo que desperdicia la oportunidad de forjar una alianza con los países árabes moderados con el objetivo de contener a los  terroristas de ISIS”. Los dardos iban dirigidos contra Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí y jefe del partido derechista Likud.

Bibi, como lo apodan sus allegados, ha acumulado 10 años en el poder —entre 1996 y 1999 y desde 2009 hasta la fecha—, más que ningún otro político desde la fundación del Israel en 1948. Tras su victoria en los comicios de 2015, Netanyahu formó una coalición con el partido nacionalista religioso La Casa Judía y las formaciones ortodoxas Judaísmo de la Torá y Shas. La alianza fue calificada por la oposición como “la más peligrosa que ha gobernado el país”.

El manifiesto de los comandantes no consiguió el efecto que buscaba, pero sí marcó un nuevo y dramático hito en un fenómeno que ha sido bautizado como “la rebelión de los generales”. A saber: el rechazo casi unánime del establishment militar a las líneas de acción que ha trazado el jefe de Gobierno en materia de política exterior y de seguridad. Según el diario Haaretz, 13 de los 17 generales y jefes de los servicios de inteligencia que han prestado servicio en la última década han tenido serios altercados con Netanyahu.

Haaretz no los mencionó por sus nombres, por temor a comprometer a sus fuentes. Lo que sí señaló es que, además de los desacuerdos sobre asuntos puntuales, las críticas apuntan a la falta de credibilidad del jefe de Gobierno cuando, para consumo de la extrema derecha nacionalista del país, declara “bajo mi mandato nunca habrá un Estado palestino”, mientras que en presencia de los líderes de Europa y Estados Unidos se compromete  a “trabajar por la solución de dos estados conviviendo en paz”.

De acuerdo con el coronel Amiram Levin, otro miembro de Comandantes por la Seguridad de Israel que además fue instructor de Netanyahu en el Ejército, “conviene ignorar las promesas que reparte Bibi. Lo que cuenta son sus decisiones, que en los últimos tiempos concuerdan con los postulados mesiánicos de La Casa Judía”.  Levin se refiere al partido religioso nacionalista convertido en uno de los pilares de la coalición de Gobierno. La Casa Judía cree que ceder a los palestinos un milímetro de la heredad bíblica del pueblo judío —desde el Mediterráneo hasta el río Jordán— conduciría a la destrucción de Israel por obra divina.   

Alarma por los asentamientos

Vayamos a un episodio que retrata en toda su magnitud el conflicto entre los oficiales de alto rango y Netanyahu. En julio de 2009, el jefe del Likud ordenó a los entonces comandante del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Gaby Ashkenazi, y jefe del Mosad, Meir Dagan, que agilizaran los preparativos para lanzar un ataque aéreo contra Irán. Su reacción dejó estupefacto a Netanyahu. “Esta es una orden que no podemos acatar, pues significa que de hecho le hemos declarado la guerra a Irán. Solo el Gobierno en pleno puede aprobar una acción de esa magnitud”, replicó Dagan. Por su parte, el general Ashkenazi advirtió que tan pronto detectara los preparativos bélicos, Irán lanzaría un ataque preventivo: dispararía miles de misiles contra los centros urbanos de Israel. 

Aunque las declaraciones de Ashkenazi y Dagan llegaron a la portada de los diarios israelíes cuando ambos ya habían colgado el uniforme, su publicación causó enorme revuelo en la opinión pública y la clase política.

Yuval Diskin, por entonces jefe del Shin Bet (servicio de espionaje interno) no participó en aquella deliberación, pero cerró filas con sus colegas alegando que el mayor peligro que se cierne sobre Israel no proviene de Irán, sino de la construcción a instancias de Netanyahu de decenas de nuevos asentamientos judíos en Cisjordania. “El objetivo final es la anexión de Cisjordania. Si este proyecto se concreta, Israel perdería el apoyo de Estados Unidos, su aliado estratégico, quedando aislado y a merced de las sanciones de la comunidad internacional”, expresó Diskin en una conferencia en el Centro de Estudios Interdisciplinarios en Herzliya.

Los dirigentes de La Casa Judía pidieron que los citados comandantes fueran procesados por instigar un golpe militar y revelar secretos de Estado. “Hablan de democracia pero no respetan el veredicto del los electores que aprueban la política de Netanyahu”, dijo Miri Regev, ministra de Cultura y portavoz extraoficial del partido.

El propio Netanyahu se opuso al procesamiento de sus adversarios, anticipando que una medida de ese calado desataría una ola de protestas por el respeto que inspiran en la ciudadanía tanto los comandantes del Ejército como los jefes de los servicios del espionaje.

Los llamados “generales de la vieja escuela” —que anteponen el análisis frío de la situación en el terreno a sus inclinaciones políticas— le han dado a Netanyahu una negativa tras otra. Como ejemplo, el caso del general retirado Moshe Yaalon, ex jefe del Estado Mayor a quien Netanyahu designó ministro de Defensa en marzo de 2013. Pese a haberse afiliado al Likud y a su fama de halcón, Yaalon también reaccionó con escepticismo al proyecto de llevar a cabo una ofensiva contra Irán y se opuso a los castigos colectivos que se aplican a la población palestina cada vez que los terroristas cometen un atentado.

Según el analista Dov Meiri, a partir de entonces Netanyahu y Yaalon, que era su hombre de confianza, comenzaron a distanciarse. El proceso culminó el pasado mayo, cuando argumentando serias discrepancias profesionales y morales, el ministro de Defensa renunció a su cargo. Poco después, en entrevista con el diario

Yedioth Ahronoth. Yaalon advirtió de que “elementos extremistas y peligrosos han tomado el control del Likud y de Israel”. 

El coordinador de las operaciones en Cisjordania cree que la violencia no cesará sin solución diplomática

No había transcurrido ni un mes cuando Netanyahu montó en cólera al enterarse de que la “rebelión de los generales” —en sus inicios solo en el círculo de los oficiales retirados que en su condición de civiles podían expresarse a su antojo— se propagaba a los mandos en servicio activo, que no pueden manifestar sus opiniones a menos que cuenten con la autorización de sus superiores. En una conferencia en la ciudad de Netanya, Guy Goldstein, coordinador de las operaciones militares en Cisjordania, consideró que la violencia palestina no remitirá a menos que se logre una solución diplomática al conflicto. Por su parte, el coronel Nitzán Oren, miembro del Estado Mayor, señaló —a diferencia de lo que alega el primer ministro— que la Policía palestina coopera activamente con el Ejército israelí en la lucha contra el terrorismo en Cisjordania. Netanyahu interpretó el silencio del actual jefe del Estado Mayor, Gady Eizenkot, como una prueba de que coincide con ellos. 

La llegada de Lieberman

Cansado de la desobediencia de los cuadros militares, Netanyahu designó como nuevo ministro de Defensa a Avigdor Lieberman, el más belicoso de los políticos israelíes. Lieberman, jefe del partido Israel Nuestra Casa, es el primer titular de esa cartera desde los años 60 que carece de experiencia en combate. Cumplió su servicio militar en una oficina y se retiró con el grado de cabo. El primer ministro nombró al mismo tiempo como jefe del Mosad a su amigo personal Tamir Pardo (en el cargo hasta enero de 2016), que declaró en un programa de radio, desacreditando a Netanyahu: “Irán no representa una amenaza existencial para Israel. Quien se expresa de esa manera siembra un pánico injustificado en la población ”.

El discurso de la discordia

A fines de febrero de 2015, los Comandantes por la Seguridad de Israel volvieron a criticar al primer ministro israelí por aceptar la invitación del Partido Republicano de Estados Unidos para dirigirse a las dos cámaras del Congreso de

Washington y transmitir su visión de la cuestión iraní. Según el diario Yedioth Ahronoth, no solo los generales, también miembros de su propio partido aconsejaron a Netanyahu que declinara la invitación de los republicanos pues, al no contar con el beneplácito del presidente Barak Obama, su intervención supondría “una intromisión en los asuntos internos de EE.UU.”.

El primer ministro no hizo caso a las advertencias y el 3 de marzo de 2015 criticó en el Capitolio el acuerdo que se gestaba: levantar las sanciones contra Irán a cambio de que sus dirigentes se comprometieran a realizar un uso exclusivamente pacífico de la energía nuclear. “El ayatolá Jamenei tuitéo en inglés que Israel debe ser destruido [...] Irán y Dáesh, los dos buscan imponer un estado islámico y compiten por el control del islamismo radical”. Sabemos, prosiguió Netanyahu, que “cualquier acuerdo incluirá grandes concesiones a Irán”. Y comparó la potencial amenaza nuclear iraní con el genocidio de los judíos a manos de los nazis. “Debemos estar unidos para frenar la marcha iraní de conquista, represión y terror”, concluyó el primer ministro israelí en un momento en que Irán buscaba un pacto con Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania que autorizara algunas actividades nucleares civiles, pero que impidiera el acceso de Teherán a la bomba atómica, y a cambio Occidente levantara las sanciones.

“Netanyahu volvió a molestar a la cúpula militar israelí por atentar contra una de las reglas elementales de la diplomacia, y de rebote contra el apoyo de la primera potencia mundial a Israel, al poner en entredicho a un presidente estadounidense en su propia casa”, comentó el politólogo  Jeff Rotenberg a Middle East Eye, diario online de Oriente Medio, sobre aquel viaje a Washington en el que Obama y Netanyahu nunca se cruzaron.

Un campo de batalla cultural y religioso en las Fuerzas Armadas

Ramy Wurgaft

“El Ejército israelí se ha convertido en un campo de batalla cultural”, sostuvo Amos Harel en una entrevista con el diario británico Fathom, especializado en asuntos de Oriente Medio. A juicio de Harel, reputado analista militar de Haaretz, “la rebelión de los generales no es un fenómeno que vaya a perdurar en el tiempo”. Sus protagonistas responden al perfil de los combatientes que ingresaron en la escuela de oficiales entre los años 50 y finales de los 60.

Durante ese periodo los líderes de las Fuerzas Armadas provenían de los kibutz y los moshav, dos tipos de comunidades afiliadas al Partido Socialista Mapam o al Movimiento Laborista. Al margen de la tipología que expone Harel, pero en la misma sintonía, Uri Avneri, exdiputado y editor de la desaparecida revista Haolam Hazeh, publicó a finales de los 70 un artículo en el que señaló que el espíritu que predominaba antaño en la cúpula de las Fuerzas Armadas era, desde luego, la defensa del joven Estado, pero sin perder de vista el objetivo de alcanzar la paz con los árabes.

“El Ejército israelí era atípico en el sentido de que la mayoría de los combatientes de las unidades de élite eran pacifistas”, afirmaba Avneri.

Pero aquella situación no se mantuvo con el paso de los años. Según Harel, la configuración sociocultural del Ejército ha experimentado un cambio notable en los últimos tiempos. “En 1990 solo el 2% de los cadetes de la escuela de oficiales eran religiosos observantes. En 2015, el porcentaje de los cadetes que cubren sus cabezas con la kipá ascendió al 42%. Un incremento más que notable”, precisa este periodista que cubre asuntos de defensa. Por consiguiente, los futuros altos mandos serán simpatizantes de los partidos o movimientos de derecha —prosigue el analista— y de los colonos judíos que se han afincado en los territorios palestinos ocupados de Cisjordania.

“En el caso de que algún gobierno diera la orden de evacuar asentamientos para dar cabida al Estado palestino, la pregunta que cabe hacerse es: ¿a quién obedecerían los oficiales religiosos, al primer ministro o a sus líderes espirituales, los rabinos que se oponen al desalojo de los judíos de la tierra prometida? Me temo que los partidarios de la paz no pueden ser optimistas al respecto”, concluye Harel.