18/11/2019
Política

Zancadillas a la investidura

La contraoferta de Podemos parece más un contraataque para recuperar protagonismo que para buscar el pacto, y el PP, desangrado por la corrupción, desoye las presiones para abstenerse y facilitar la elección de Sánchez

AHORA / Rosa Paz - 19/02/2016 - Número 22
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Zancadillas a la investidura
Sánchez con los presidentes de la CEOE, Juan Rosell, y de la CEPYME, Antonio Garamendi. Paco campos / eFE
Ya hay fecha para la primera sesión de investidura —empezará el 2 de marzo, la primera votación, la que exige mayoría absoluta, será el 3 y la segunda, en la que es suficiente que haya más votos a favor que en contra, el sábado 5— y el equipo negociador del PSOE avanza en los acuerdos con Ciudadanos y parece que también con Izquierda Unida y Compromís, pero las alianzas no suman aún lo suficiente para garantizar que Pedro Sánchez sea elegido presidente del Gobierno en esa primera semana de marzo. Si no lo logra a la primera, podría seguir intentándolo en los dos meses que empezarán a correr a partir de  la votación del día 3. Se supone que en ese plazo también lo intentaría Mariano Rajoy, al menos eso es lo que el presidente en funciones dice ahora públicamente, aunque hay dirigentes del PP y analistas que dudan de que el rey le proponga como candidato si, después de declinar su invitación hace tres semanas, ahora no le garantiza que tiene los apoyos suficientes para ganar.

No son esos, sin embargo, los planes de Sánchez, que pretende ser investido en la votación del día 5. Pero para ello necesita el apoyo o la abstención de Podemos —el socio que remataría ese gobierno de cambio— o del PP. Y hasta el momento esas dos fuerzas parecen más inclinadas a la zancadilla que a facilitar que el secretario general del PSOE sea presidente.

Bloqueo con Podemos

La contraoferta que presentó el lunes Pablo Iglesias, con su insistencia en el referéndum para Cataluña, su autonominación como vicepresidente del futuro gobierno más el control del CNI, el CIS y una controvertida secretaría de Estado para dirigir la lucha contra la corrupción, se asemejó más a un contraataque dirigido a recuperar protagonismo y posiciones de cara a una repetición de las elecciones —que también tienen fecha, el 26 de junio— que a un intento de pacto con el PSOE, como él proclama. Los socialistas, de hecho, le recriminaron que se presentara como si fuera él quien ha recibido el encargo real de formar gobierno y Sánchez ha rechazado, por el momento, la posibilidad de sentarse con él —“si él va a ser el presidente y yo el vicepresidente deberíamos vernos cuanto antes”, dijo Iglesias— al menos hasta que los equipos negociadores hayan alcanzado un acuerdo. Pero esos equipos no han empezado siquiera a hablar y que lo vayan a hacer depende de las presiones que tenga Iglesias de las bases y las confluencias territoriales y de la medición casi diaria que hacen del impacto de sus iniciativas en la opinión pública.

El PSOE avanza en el acuerdo con Ciudadanos, IU y Compromís, pero no suma sin Podemos

El líder del PSOE sigue, sin embargo, mostrándose optimista. Insiste en que ya se sabía desde el principio que el pacto para su investidura no sería fácil y que unas veces parecerá que se aleja mucho y otras que está casi a punto de cerrarse. Así que mientras su equipo de negociadores sigue buscando la manera de cuadrar el círculo, él ha iniciado una interminable ronda de contactos con sindicatos, patronal, embajadores, científicos, médicos, comerciantes, en fin, multitud de representantes de sectores y profesiones a los que visita ya como si fuera el futuro presidente del gobierno.

Pero lo más grave está ocurriendo en el PP. Desangrado por los casos de corrupción y en plena desesperación por las noticias que apuntan a la posibilidad de nuevos y más graves escándalos, entre sus dirigentes crece además la indignación porque la parálisis de Rajoy, su costumbre de no afrontar los problemas, les está dejando en el rincón de la historia, parafraseando a José María Aznar.

Irritación con Rajoy

Ahora, cuando se percatan de que es muy probable que pierdan el gobierno, incluso si hubiera repetición electoral, reprochan a su líder que no respondiera con contundencia a la corrupción: “Ya se vio en las europeas y después en las municipales y autonómicas que los casos de corrupción nos pasaban factura y Mariano no ha hecho nada. Nombrar a Pablo Casado y a tres jóvenes más, que no han servido para cambiar la percepción del electorado”, dicen algunos dirigentes que también le reprochan que haya blindado a la exalcaldesa de Valencia Rita Barberá en el Senado, justo después de asegurar que no pasaría “ni una más”.

Le recriminan también que no intentara forjar un pacto con Ciudadanos y los socialistas para seguir en el gobierno y no demostrara su disposición a retirarse si eso lo hacía posible. Así que ahora hay voces en el PP que empiezan a defender la necesidad de que sus 123 diputados se abstengan en la investidura de Pedro Sánchez. Los que se han manifestado en público son exministros como Eduardo Serra o la propia Esperanza Aguirre, que el pasado domingo se vio forzada a dimitir como presidenta del PP de Madrid porque se le multiplican las noticias de corrupción. En el programa Salvados de la La Sexta, que presenta Jordi Évole, ambos dijeron que es el momento de Sánchez y que si quieren evitar que Podemos esté en el gobierno el PP debería abstenerse y facilitar un gobierno de PSOE y Ciudadanos.

Es evidente que quienes así se manifiestan tienen una influencia escasa en el PP y en su grupo parlamentario, férreamente controlados aún por Rajoy y su equipo. Como tienen escasa influencia en el PSOE esos notables que recomendaban lo mismo a su partido, que facilitara un gobierno del PP para garantizar la estabilidad y la posibilidad de resolver los problemas más urgentes. En el PSOE las opiniones de esos veteranos no han calado y es más que probable que tampoco lo hagan las de los populares en las filas del PP.

Notables, empresarios y socios europeos presionan ahora al PP para que permita la investidura de Sánchez

Lo curioso es que estas recomendaciones demuestran que las presiones han cambiado de lado. Si antes los empresarios del Ibex35 y los socios europeos intentaban convencer al PSOE para que facilitara un gobierno del PP, ahora tratan de persuadir a los populares de que el único gobierno posible es el de los socialistas con Ciudadanos, que están a punto de cerrar un acuerdo, y de que ese ejecutivo sería tan de fiar para los mercados y la troika como uno de Rajoy o de cualquier otro dirigente. Claro que el Ibex y la mayoría de los socios comunitarios quieren evitar que quien entre en el gobierno sea Podemos, aunque en este caso parece que son los propios dirigentes del partido morado los que están dispuestos a  ahorrarles el disgusto.

Votar con el PP

Pese a esa situación, que algunos califican de “descomposición” del PP, Rajoy se niega a favorecer la investidura de Sánchez con argumentos cruzados: que el PP ha ganado las elecciones porque es la fuerza más votada, aunque no puede gobernar porque carece de apoyos, o que el PSOE quiere hacer un gobierno con radicales e independentistas, aunque aún no se ha sentado a negociar en serio con Podemos y a los representantes de ERC y DiL (antes CDC) les ha dejado claro que está en contra de convocar un referéndum en Cataluña. Faltan dos semanas para la investidura y quedan ocho días para que los socialistas sellen un pacto que luego tiene que votar su militancia, y está por ver si los dirigentes de Podemos están dispuestos a coincidir con el PP en el no a Sánchez.