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El papa de Sorrentino

The Young Pope es una intriga en torno a la más alta jerarquía eclesiástica. La producción de la serie ha destapado la sorda batalla por la televisión de pago en Europa

El papa de Sorrentino
Jude Law como Lenny Belardo en ‘The Young Pope’. Gianni Fiorito

Dos de los 10 capítulos pudieron verse en la pasada edición de La Bienale, y el aperitivo supo a gloria

En la última Mostra de Venecia, celebrada entre los pasados 31 de agosto y 10 de septiembre, la religión fue uno de los grandes atractivos del certamen. El italiano Paolo Sorrentino llegó al Lido y besó el santo en la presentación mundial de su primera serie de televisión, The Young Pope [El joven Papa], de la que solo se proyectaron dos de sus 10 episodios. El aperitivo, no obstante, supo a gloria y no han sido pocos los críticos y periodistas que aseguran que es de lo mejor que ha podido verse en la 73 edición de La Bienale. El alborozo crítico se corresponde con la condición de hito de la ficción europea que sus productores hábilmente han publicitado. Y lo es. Pero también es mucho más.

The Young Pope, para empezar, presenta al primer papa estadounidense en habitar la Santa Sede, Lenny Belardo, Pío XIII para sus feligreses, e interpretado por Jude Law; un pontífice adicto a la Cherry Coke y al tabaco —“Lo tomé de Ratzinger. Era conocido que fumaba”, contaba Sorrentino en la rueda de prensa durante la presentación en Venecia—, abiertamente hostil hacia la generosidad de la gente, muy conservador y obsesivo. El reparto de la serie cuenta, entre otros, con el italiano Silvio Orlando en el papel del cardenal Voiello, secretario del Estado Vaticano; con el español Javier Cámara en la piel del cardenal Gutiérrez; con la estadounidense Diane Keaton en el papel de la hermana Mary; y con la francesa Cécile de France como Sofia Dubois, jefa de marketing del Vaticano. El guion lo firman los italianos Umberto Contarello y Stefano Rulli, además del británico Tony Grisoni y el propio Sorrentino. Hace 20 años esa variedad de nacionalidades en los créditos habría alarmado a los televidentes, tildando despectivamente esta mezcla de europudding, pero hoy es una muestra del complejo panorama del audiovisual contemporáneo.

Las intrigas vaticanas que forman la trama se quedan en discusiones bizantinas cuando se analizan los diferentes intereses que confluyen en The Young Pope. La serie, que presumiblemente se estrenará en España en otoño —en Italia arranca su emisión el próximo 21 de octubre a través de Sky—, se revela como un mapa en el que se aprecian las trincheras y frentes de ataque de la sorda batalla por la televisión de pago en el viejo continente que libra ahora mismo el sector de la comunicación: HBO, Sky y Canal+, tres operadoras enemigas hasta el momento y ahora reconvertidas en amigas circunstanciales, son las responsables que están detrás del acontecimiento televisivo europeo del momento.

El caballo de Troya de HBO

Por orden de importancia, el primero de los implicados es la estadounidense HBO. La cadena ha vivido desde 1975 cómodamente instalada como la referencia en el sector de los canales de pago, capaz de reinventarse durante cuatro décadas: ha ofrecido deportes, cine y, cuando sus contrincantes empezaban a despuntar, series tan laureadas como Los Soprano (David Chase, 1999 - 2007) o A dos metros bajo tierra (Alan Ball, 2001 - 2005), dos de las puntas de lanza de lo que ha venido a llamarse la tercera edad de oro de la televisión.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte su negocio vive en continua convulsión. Según el estudio realizado por Jason B. Bazinet, Michael Rollins, Catherine T. O’Neill, Thomas A. Singlehurst y Mark May —analistas de la compañía Citi— y titulado The Curtain Falls: How Silicon Valley is Challenging Hollywood [Se baja el telón: cómo Silicon Valley amenaza a Hollywood], las tornas están cambiando. En ese estudio se subraya un dato relevante en relación a la penetración del cable en Estados Unidos: si en 2010 alcanzaba al 87% de los hogares estadounidenses, hoy llega al 80%. Esta cifra, no obstante, no quiere decir que los estadounidenses hayan dejado de pagar por ver la televisión por cable, más bien indica que han optado por suscribirse a nuevos servicios online como Netflix o Amazon.

Por otra parte, aunque HBO mantiene en sus filas uno de los mayores fenómenos fan televisivos del mundo en su parrilla, la serie Juego de tronos, también parece haber perdido la guerra por la calidad frente a competidoras como AMC (Breaking Bad, Mad Men) o FX (The Americans, Fargo). Un buen ejemplo de la pelea por conseguir el estándar de calidad se encuentra en los solventes competidores de este año por el premio Emmy al Mejor Drama Televisivo, que se entregó el domingo 18 de septiembre: además de Juego de tronos, también concursaban The Americans, House of Cards (Netflix), Mr. Robot (USA Network), Better Call Saul (AMC), Homeland (Showtime) y Downton Abbey (PBS).

La solución para mantener un negocio como el de las series  pasa, necesariamente, por internacionalizar

Más series, más productores, más costes y menos mercado publicitario y suscriptor: la solución para mantener un negocio tan boyante pasa, necesariamente, por internacionalizar o, por ponerlo en términos catequistas, evangelizar nuevos territorios. En este sentido, la estrategia de HBO busca ser similar a la de sus actuales competidoras, como Netflix o Amazon, por ejemplo, y utilizar la producción de series locales como caballo de Troya para introducirse y conquistar el continente.

El sacrosanto sistema europeo

Y es que el desarrollo del sistema televisivo europeo, tan apegado a las emisoras públicas y estatales, ha impedido que los canales de pago tengan una gran penetración en el viejo continente. Europa es un vergel en el que las cadenas estadounidenses creen que reverdecerá su negocio porque hay millones de clientes potenciales: en Reino Unido, donde se considera que el mercado ya está maduro, el 51% de la población tiene televisión de pago, según datos de 2015 del regulador OFCOM; en España, según el último informe del Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información (ONTSI), publicado en julio de este año, la tasa es del 30,7%; en Italia, según datos de IT Media de 2015, el porcentaje es similar; mientras que en Francia es algo menos del 30%, de acuerdo con los últimos datos de 2015 de Médiamétrie. Unas cifras muy alejadas del 80% de penetración en EE.UU. Ante tal panorama, las compañías de televisión por cable europeas, desde la española Movistar+ hasta la francesa Canal+, también están moviendo ficha para quedarse con su trozo del pastel ante la anunciada invasión del otro lado del Atlántico, incluido pactar con el todopoderoso enemigo estadounidense a la hora de crear contenidos.

La pregunta es por qué todos los caminos conducen a esta Roma de The Young Pope. La respuesta es que en ningún otro país como en Italia es más visible la lucha de las distintas facciones que buscan hacerse con el reino de la televisión de pago. A los nostálgicos del disparate, la situación les recordará a la que se produjo a finales de la década de los 90 en España con Canal Satélite, Vía Digital, el descodificador multicrypt y el simpar ministro Francisco Álvarez Cascos, con dos plataformas de pago enfrentadas en una lucha sin cuartel. Se trata de una hostilidad que supera lo meramente económico y se adentra en lo personal: a un lado del cuadrilátero encontramos la compañía Mediaset Premium, controlada hasta hace poco por Silvio Berlusconi; en el otro, Sky, del ubicuo Rupert Murdoch. La leyenda cuenta que en los 90 hasta eran amigos, pero el hecho que marcó el cambio tuvo lugar en 2003 cuando Murdoch fundó Sky Italia. No ha de interpretarse como casual que el año pasado la cadena de Murdoch produjera la serie 1992, fascinante e inmisericorde crónica de cómo Silvio llegó al poder. Sorrentino, por cierto, ya ha anunciado que Loro, su nuevo proyecto, tendrá la figura de Berlusconi como protagonista.

Sea como fuere, el magnate australiano decidió en 2014 hacerse fuerte ante la competencia estadounidense con la centralización de las diferentes Sky que poseía en toda Europa: Reino Unido, Irlanda, Alemania, Austria e Italia. Buscaba así convertir en realidad el viejo sueño noventero de Silvio y su Fininvest de crear una televisión paneuropea. Berlusconi le devolvió el golpe a Murdoch vendiendo, en abril de 2016, su canal de pago Mediaset Premium a Vincent Bolloré, el todopoderoso presidente de Vivendi y dueño de Canal+. Como Murdoch, Bolloré también fantasea con convertirse en el rey de reyes catódico de Europa. Y, para hacerlo, necesita prestigiosas series de autor. Con The Young Pope, dos magnates que compiten por convertir sus conglomerados mediáticos en el referente europeo se transforman en aliados. Ni en la corte del papa Luna había enemigos tan íntimos.

‘Papa don’t preach’

La idea de The Young Pope puede resultar coherente, y lo es, con la firma de su creador: Paolo Sorrentino es puramente napolitano y, por ello, genéticamente barroco. Su estilo grandilocuente casa a la perfección con esa sensibilidad teatral de la Contrarreforma que puede encontrarse en cada rincón de Roma. Pero su punto de partida también es muy terrenal, pues realizar una serie sobre un papa es continuar con la tradición televisiva italiana en la que la presencia de figuras religiosas ha sido constante y ha vivido un resurgimiento con la llegada del siglo XXI.

Gracias a las producciones de la empresa italiana Lux Vide, con las que el telespectador español está familiarizado por su continua y repetida emisión en la muy católica cadena 13TV, es posible conocer con pelos, señales, capelos y cilicios la vida de Pablo VI por la tv movie Pablo VI, un Papa en la tempestad (2008). También los pormenores de la de Juan XXIII (2002) o de san Pedro en el telefilme de 2005; y también los de Juan Pablo II (2005), esta última una coproducción con la estadounidense CBS rodada en inglés e interpretada por Jon Voight.

Ahora bien, lejos de la beatitud que desprenden las mencionadas series de televisión papales de Lux Vide, Sorrentino ha sabido desarrollar un protagonista a la manera de los turbios antihéroes que pueblan las ficciones de pago estadounidenses, un Tony Soprano o un Don Draper vestido de santo hábito. La secuencia de apertura de The Young Pope puede leerse como toda una declaración de intenciones: Pío XIII se presenta ante el espectador emergiendo de una montaña de bebés, dispuesto a ofrecer una primera homilía en la que defiende el matrimonio gay, el aborto, el sexo libre, la masturbación...; un prólogo iconoclasta que levantará más de una ampolla entre fervorosos creyentes, pero que se trata únicamente de un sueño del protagonista, una fantasía que, no obstante, deja entrever la enigmática y siniestra personalidad del personaje creado por el cineasta italiano y su corte de guionistas. “Me he acercado al argumento con honestidad y curiosidad. La idea es indagar en las contradicciones y dificultades en un universo tan fascinante como el del clero. Al fin y al cabo, el papa no es más que un cura algo especial”, declaraba Sorrentino en la presentación de la serie.
 

Un personaje repleto de aristas que ha conseguido el milagro del acuerdo en la producción de The Young Pope. Porque a pesar de la inquina y de la competencia de las tres partes implicadas, buena parte de los intereses de los diferentes actores partícipes están contemplados: a nivel internacional, a HBO le permite estudiar el terreno con vistas a su desembarco en Europa, y en el mercado doméstico le aporta el prestigio de trabajar con uno de los mejores directores europeos del momento; por su parte, tanto a Sky como a Canal+ les provee de contenidos de calidad para su red de cadenas de televisión de pago, al tiempo que contribuye a edificar su imagen de marca como productoras de grandes series, siguiendo así la estela de Gomorra o 1992, de Sky, o Les revenants y Engrenages, de Canal+. Con todo, queda por ver, tras la emisión de la serie, cuánto tardan en reanudarse las hostilidades entre operadoras y, en consecuencia, la lucha por hacerse con la tierra prometida de la televisión de pago en Europa.

The Young Pope
The Young Pope
Paolo Sorrentino
Una producción de HBO, Sky y Canal+
Estreno en otoño